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CRÓNICAS PELANDESAS -El asedio de Koopachópolis- Pelayo Lana

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CRÓNICAS PELANDESAS

-El asedio de Koopachópolis-

Pelayo Lana

Ediciones Pelayo

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Índice

PRÓLOGO 4

TERCERA PARTE: LA CUARTA GUERRA 7

CAPÍTULO 1 PREJUICIOS 8CAPÍTULO 2 TRAICIÓN 20CAPÍTULO 3 ALIADOS INESPERADOS 26CAPÍTULO 4 LOS NUEVOS NOCTURNUS 33CAPÍTULO 5 PREPARATIVOS 44CAPÍTULO 6 LA ÚLTIMA BATALLA 52

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PRÓLOGO

Era por la tarde. El sol que tanto asombraba a los Nocturnus brillaba en el ocaso, cegando a aquellos que todavía no habían tenido la suerte de verlo antes, que no eran pocos: en la Celda del Crepúsculo no hay estrellas que iluminen los planetoides.Una delegación Nocturnus se aproximaba. Nueve iba al frente de un escuadrón de Nocturnus de élite bien armados que comprobaban los alrededores cada poco; aunque los que iban detrás, cuando el oficial del grupo no los miraba, se deleitaban con el sol.Poco tenía eso de delegación diplomática, se dijo Steel, pero Nueve nunca había tenido a nadie que le mandase cómo debe hacer las cosas, ya que al emperador no le tosía nadie. Y Steel no iba a ser tan tonto como para empezar mal las negociaciones diciéndole a su incierto aliado cómo se hacen las cosas en Pelandia. Sin embargo, si hubiera podido, le habría reprochado su falta de confianza: los francotiradores Nocturnus ocultos en los edificios cercanos estaban de más. No los habría visto si no hubiesen estado en Station Square. Allí nada ocurría sin que él lo supiera.Tras de Steel había asimismo un pequeño destacamento de droides, flanqueado por los dos lugartenientes de su ejército: Helbert Noke y Magín Mago1. El primero lanzaba nerviosas miradas a los desconocidos visitantes, sin quitar la mano de la funda de su bláster, mientras que el segundo le había advertido con tiempo que el ambiente de las negociaciones bien podría ser cortado con un cuchillo de lo tensas que iban a estar. Tenía razón.-Encantado de conocerle, emperador -dijo Steel bastante más bajo de los que solía hablar- sed bienvenidos a Pelandia.Un poco de “coba” preventiva nunca estaba de más.-Lo mismo digo, pelandés -le respondió Nueve, mirándole desde arriba. Cuando a Steel le habían dicho que el emperador Nocturnus era bastante alto, no había creído que sería hasta tal punto-. Aunque llamarte por ese término quizás no sea adecuado en esta situación, ya que tengo entendido que vas en contra de la República Pelandesa.-Efectivamente, Lord Nueve. Estamos en plena Cuarta Guerra Pelandesa, aunque, para ser sinceros, sería más correcto decir que seguimos en la tercera. No han pasado ni seis años desde que acabó oficialmente y el tema sigue siendo el mismo… el mismo de siempre. Me presento. Me llamo Steel Molotov y está usted en Station Square, mi ciudad y base principal. Los que están a mi lado son Helbert, brazo armado del ejército de droides; y este otro es Magín Mago, un especialista en informática y engañar al enemigo. Gracias a todo ello hemos capturado casi todo el este de la Isla Pelandesa.-Bien -respondió Nueve con indiferencia- pues ya sabes por adelantado quién soy yo. Y sabes a lo que he venido, ¿no?-Pretende usted volver a la tierra de la que fueron expulsados hace mucho tiempo, arrasar a los herederos de la raza culpable de vuestras penurias y capturar a vuestra mejor soldado, que se ha unido a la causa pelandesa. Para ello,

1 Si has leído Misterios en Pelandia, sin duda sabrás quién es el primer personaje, aunque el segundo es nuevo.

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habéis traído tecnología nunca vista en Pelandia, un ejército de diez mil soldados Nocturnus, que aunque sea numéricamente inferior al de los pelandeses, es el doble de eficaz, una pequeña flota espacial que incluye el mejor destructor de toda la historia y un sin fin de droides, vehículos blindados y artillería capaz de borrar una ciudad del mapa en cuestión de minutos. En cambio -ya es hora de que Nueve se dé cuanta de sus fallos, se dijo Steel, aunque me juegue la vida en ello-, habéis tenido que dejar atrás un esplendoroso imperio en una dimensión paralela a la nuestra, derrocado por arcaicas razas semipelandesas que habíais sometido con anterioridad, dejando atrás a más de cinco mil Nocturnus muertos por vuestra causa, incluido el comandante Tell, que pretendía ser una sustitución de Shade, la Nocturnus rebelde. Eso, sin contar el gigantesco cisma que se ha producido en vuestro ejército, parte del cual decidió seguir a Shade. Todos estos, subrazas incluidas, se han quedado atrapadas en vuestra dimensión, e invierten el tiempo en preparar vuestra destrucción. Si lograran salir, sería el final para vos y vuestro intento de reconstruir el imperio Nocturnus.Steel había hablado durante cinco minutos seguidos sin parar, y se dijo que, aunque fuese una descortesía, necesitaba un trago de agua. Pero se contuvo. Estaba más preocupado observando si alguno de los Nocturnus que acompañaban a Nueve le daba luz verde a los francotiradores para disparar.Nueve, mientras, se había quedado callado, manteniendo el semblante serio.

Sin embargo, por dentro, Nueve estaba a punto de explotar. ¿Cómo podía aquel pelandés saber todo aquello? Había sido una grave insolencia por su parte aquel deliberado reproche y le daban ganas de ordenarles a sus Nocturnus que le acribillaran. Pero aquello habría sido una imprudencia, y una muestra de que era vulnerable a la empatía de un ínfimo pelandés. Se contuvo nuevamente y contó interiormente hasta diez. Salvo por esa cuenta, aquel razonamiento pasó por su mente en décimas de segundo.-Sabes mucho, Steel -dijo, con calma. No se le había escapado que a algunos de sus guardianes se les había tensado el dedo del gatillo, y que los francotiradores habían fijado al unísono su mira sobre Steel, esperando instrucciones. No era necesario verlos. Se podía percibir.-La información es poder -respondió Steel-. Si sabes, sobrevives. Si sabes, nadie te puede amenazar. Si sabes, gobiernas.Aquello no era del todo correcto, se dijo Nueve. De hecho, a veces la ignorancia deliberada puede ser beneficiosa. Te pueden matar por saber demasiado. O saber demasiado te puede llevar a hacer imprudencias.-Entonces, ¿sabes para qué estamos aquí? -preguntó Nueve.-Sí, Lord Nueve. Para sellar una alianza que nos permitirá acabar con los pelandeses de una vez por todas y tener el poder absoluto sobre Pelandia.Nuevo error. Si ese tal Steel se creía que iba a compartir el poder de una tierra tan rica en recursos y de tanta importancia estratégica, es que se había vuelto loco, o algo peor.-¿Y qué quieres a cambio de tu ayuda? -ese era un punto importante. El que más, de hecho.-Pues… quisiera la joyas sagradas de los pelandeses. O, si no es posible entregarme todas, una parte de ellas. Lo que podría hacer con ellas sería innombrable.Error fatal. Ahí sí que le había tocado la fibra sensible.

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Durante el transcurso de las negociaciones, Steel era perfectamente consciente de dónde empezaba a molestar a Nueve, y de dónde cometía errores. Aunque el rostro de Nueve era inescrutable, las reacciones de los Nocturnus detrás de él eran determinantes. A la mención de sus fallos, empezaron a poner mala cara. Cuando cometió el error de usar la primera persona del plural para referirse al poder de Pelandia una vez finalizada la conquista, rechinaron los dientes. Y en el punto de la recompensa por su ayuda, donde realmente se estaba jugando el cuello, se habían puesto tensos; y lo mismo les había pasado a los pocos componentes de carne y hueso de su ejército. Durante los segundos de silencio que siguieron a esa declaración, si alguien hubiera estornudado, se habría desatado una matanza, con fatales perspectivas para Steel y su gente.Pero, al final, Nueve extendió la mano.-Trato hecho. Lo de las joyas hay que discutirlo, pero estoy de acuerdo con el resto.Todos los componentes de ambas delegaciones que tenían la capacidad de sorprenderse cumplieron con su cometido. El que Nueve accediese tan rápido a un trato que le era desfavorable, sin ni siquiera pensarlo, invitaba a pensar que había perdido el juicio. O que le iba a pegar un tiro a Steel ahí mismo. O ambas cosas. Pero lo que Steel pensaba mientras le estrechaba la mano, en realidad, es que Nueve era rematadamente listo y que seguro que tenía un as en la manga.Y se dijo a sí mismo que tendría que empezar a desarrollar uno él también. A la voz de ya.

Esto aconteció hace un mes. Aquí es donde realmente comienza nuestra historia…

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Tercera parte: La Cuarta Guerra

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CAPÍTULO 1 Prejuicios

-¡Shade! -gritó Trest desde la puerta de la habitación que ella compartía con Leeg y el droide-. Hay reunión táctica en Mando. ¿Quieres venir?-Ya sabes que no me quieren allí -le contestó.-Ni allí, ni aquí, ni en ningún lugar del territorio controlado por los pelandeses, la verdad -Trest suspiró-. Pero eres demasiado valiosa como para dejarte ir, sobretodo mientras aún averiguan de que lado estás… En fin, se van a quejar de que participes, pero no van a poder seguir ignorándote para siempre, Shade.-Supongo que tienes razón… ahora mismo voy.Cinco minutos más tarde, ambos salían del bloque 3 de habitaciones para sumirse en el caos de la mini-ciudad subterránea construida bajo las entrañas de Koopachópolis, capital pelandesa. La existencia de esta réplica no había sido revelada hasta que los pelandeses entraron en una situación desesperada de verdad. En ninguna guerra anterior se habían visto tan contra la pared como ahora, ni aunque fueran perdiendo. Se había declarado el estado de sitio sobre las principales ciudades pelandesas, mientras que las pequeñas eran capturadas sin piedad por los insurgentes de Steel o por los invasores Nocturnus. Sobre Koopachópolis había ahora un gigantesco escudo electromagnético que impedía el ataque aéreo o a distancia sobre la metrópoli, dejando como única salida a los enemigos entrar con la infantería en las callejas de la periferia e intentar desactivar los escudos, pero los pelandeses, que contaban con la superioridad de pelear en casa y conocer el terreno, además de que luchaban desesperadamente, repelía cualquier intento de invasión. Mientras, los ataques se habían detenido para evitar que los droides de Steel y los valiosos Nocturnus y Gizoid siguieran entrando en aquella carnicería para no salir.La gente que habitaba la periferia había sido evacuada a la réplica bajo tierra, en donde trabajaban en fábricas, generadores y granjas construidas expresamente para situaciones de emergencia; pero los habitantes del centro aún estaban en sus casas, principalmente porque la réplica estaba llena, y porque un segundo escudo alrededor del centro les protegía… por el momento.La ciudad bullía de actividad mientras Trest y Shade la atravesaban. Pelandeses civiles iban y venían, absortos en su trabajo, y los soldados que patrullaban por todas partes se limitaban a ignorarles. Ellos dos representaban una incierta alianza entre los pelandeses y los insurgentes Nocturnus, partidarios de derrocar a Nueve, y atrapados en la Celda del Crepúsculo hasta que encontraran una manera de sacarlos, y por tanto, inútiles. Shade había sido objeto de un sin fin de prejuicios de los pelandeses contra los Nocturnus, ya que la más destacada comandante del imperio de Nueve no hacía ni seis meses que masacraba pelandeses en lo que ella creía que era una liberación para su pueblo. Mucha gente aún asignaba la preciosa armadura negro azabache, que Shade no se quitaba más que para sacarle brillo, con los enemigos que día sí y día también capturaban a los suyos. De no ser por Trest y los demás, probablemente la habrían ejecutado ya.

Pero todo esto está pasando actualmente, y no sabemos cómo se ha llegado en esta situación. Esa historia viene ahora:

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Tras volver de la Celda, siguiendo a el Nona Destructis hasta Pelandia, la nave en la que venían fue derribada por las fuerzas de Steel sin apenas darles tiempo de reaccionar. Cayó a plomo sobre los exteriores de Station Square, y probablemente Steel los habría rematado de no ser por un minúsculo detalle… la flota de éste no se hallaba desplegada por nada. En esos momentos, los pelandeses estaban realizando un ataque a la desesperada sobre la inexpugnable ciudad de Station Square, tratando de librarse de un enemigo más en esta guerra. Tuvieron la increíble suerte de caer tras las líneas pelandesas, por lo que fueron rescatados inmediatamente. Al principio, los soldados que les sacaron de los escombros atacaron a Shade, creyendo que se trataba de una Nocturnus suicida que había provocado la caída de la nave para eliminarlos. Trest, apenas consciente, se interpuso en el último segundo entre los soldados y ella, gritándoles que no disparasen. La verdad gustó todavía menos a los pelandeses, pero accedieron a prestarle primeros auxilios a Shade a regañadientes mientras los transportaban a Koopachópolis. El ataque prosiguió, y más tarde se enteraron de que había sido un auténtico fracaso.Una vez en Koopachópolis, pretendían aislar a Shade en una celda hasta saber de verdad a quién servía, pero Leeg asumió el “riesgo” de vigilarla, y pidió que Alfa se estableciera en su habitación como “medida de seguridad adicional”. Todo eso era un cuento para que los pelandeses la dejaran en paz, pero lo único que lograron fue que creyeran que era peligrosa de verdad.Aunque ninguno de nuestro protagonistas lo sabe, al día siguiente llegó una cinta de sonido al despacho del general Axel, encargado de la réplica, de parte del comandante Carlos, líder de la ASP, los servicios secretos pelandeses. La cinta la había grabado él mismo y decía lo siguiente: <Comandante Carlos Pi, informe 77082 sobre la Nocturnus llamada Shade. A petición suya, general, he investigado a nuestra “aliada” para comprobar si en realidad es un peligro para nuestra campaña. He podido averiguar que, efectivamente, ha sufrido el ostracismo de los de su raza al desafiar abiertamente al emperador Nueve, líder de los Nocturnus, y su cabeza está a buen precio. Su historial de perfecta comandante fue mancillado con esa traición y ahora es una proscrita para nuestros enemigos. La pregunta ahora es si aceptó sufrir todo eso voluntariamente para introducirse en nuestro sistema sin levantar sospechas. Es caso afirmativo, eso la convertiría en una peligrosísima espía. Si no, creo que podría se digna de confianza. No se preocupe: siempre tengo como mínimo a dos de mis comandos tras ella sin que se percate, aunque tengo dudas de eso último. Le seguiré enviando informes regularmente>.Tras escuchar esa cinta, Axel se pasó una media hora pensativo antes de autorizar a Shade el acceso a las zonas menos comprometidas de la ciudad.Shade, aunque había hecho lo máximo posible para pasar desapercibida, su simple presencia lo impedía. Una graciosa anécdota: durante una de las innumerables discusiones acerca de lo de fiar que era Shade, ésta no tuvo permiso para entrar a escuchar. La llevaron al campo de tiro que estaba más cerca para que se entretuviera un rato mientras duraba la reunión. Le acompañó Riu como confidente y un par de soldados de la FCEP no le quitaron ojo de encima durante toda su práctica. Al encargado de la instalación casi le da un infarto cuando supo a quién le enviaban. Para evitar “altercados”, sustituyó la munición que Shade iba a usar por cartuchos de fogueo. Por supuesto, Shade se dio cuenta del cambiazo y dedujo que la estaban observando, por lo que se

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esforzó por hacer la práctica de la peor manera posible. Sin embargo, el pobre soldado que estaba a su lado, muy joven e inexperto, parecía haber iniciado una competición con ella de quién era más penoso disparando, porque aquél novato apenas atinaba al aro exterior del objetivo. Al cabo de diez minutos, Shade se hartó. Dio dos pasos hacia el mal tirador y le quitó la carabina de las manos.-¿Será posible? -gritó ella- ¡Dame eso!El soldado retrocedió aterrado, y el simple hecho de que una Nocturnus de dudosa lealtad tuviera un arma con munición real puso a todo el mundo en alerta máxima. Sin embargo, Shade se volvió y disparó contra las casi inmaculadas dianas del frente del novato. Cuando se despejó el humo, pudieron comprobar que casi todas las marcas estaban entre los círculos del 9 y el 10. Una de las dianas había quedado agujereada de tal manera que se derrumbó con un estruendo. Entonces Shade le dio por mirar a su alrededor. Todos los soldados la miraban, y sus expresiones iban de la envidia a la admiración. Los dos pelandeses de la FCEP se miraban sin saber qué hacer, y Riu se desmontaba de la risa. Lo mejor fue que tres segundos después entró un completo equipo antidisturbios armado hasta los dientes, alertados por el encargado del campo de tiro, preguntando donde estaba la Nocturnus que se había vuelto agresiva. Cuando fueron a pedir explicaciones, descubrieron que se había desmayado hace dos minutos. A Riu le dio tal ataque de risa que estuvo hospitalizado durante media semana.

Llegaron a Mando tras diez minutos de caminata y tras pasar muchos controles y “peros” de los guardias. En la sala de reuniones había un gigantesco letrero que ponía bien claro: “PROHIBIDO ENTRAR CON ARMAS”, pero los componentes de los equipos Delta y Alfa tenían permiso para ello. Evidentemente, Shade no contaba con ese privilegio.-Hola, Trest -saludó el oficial que estaba en la entrada-. Pasa, por favor. Ah, y te has traído a la Nocturnus -su tono cambió levemente-. Tienes que dejar las armas que tengas aquí. Te las devolveré al salir.Shade descolgó la flamante espada negra que llevaba al cinto y la dejó sobre la mesa. Acto seguido, cogió las dos pistolas gemelas (regalo de Morgan), una con cada mano y las puso al lado. Iba a pasar ya, pero una mirada de Trest le hizo sacar un puñal de la bota derecha para dejarlo también. No había dado dos pasos hacia la puerta, cuando el oficial la llamó otra vez.-He dicho TODAS las armas, Nocturnus.Y señaló al diminuto broche con el que Shade se sujetaba el pelo para poder ponerse el casco sin que le molestase. Trest se echó a reír.-¿Eso? ¿Qué pretendes? ¿Que Shade estrangule a alguien con él?Sin embargo, Shade se lo quitó y lo dejó al lado de sus posesiones. El pelandés lo cogió murmurando un <con permiso>. Trasteó unos segundos con él y encontró un resorte. Al pulsarlo, se desplegó una cuchilla de diez centímetros. Trest se quedó de piedra. Esa no se la sabía.-Ya decía yo -el oficial sonrió satisfactoriamente-. Tengo una hermana en la FCEP que usa un truco similar. Lo mismo va por el anillo y el brazalete.Descubrió un diminuto lanza-dardos anestesiantes en el primero y una bayoneta oculta en el segundo. Satisfecho, le dio permiso a Shade para pasar. Los soldados que custodiaban la sala se apartaron, sonrientes.-Shade, eso no a estado muy bien que digamos… -le reprochó Trest.

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-No me gusta entrar desarmada en los sitios, que digamos.Todos los componentes restantes de la reunión se encontraban ya allí. Carlos señaló sonriente al ordenador en el que se veía una cámara de la entrada.-Hoy nuestra comandante favorita tiene el día asesino, ¿eh? -se rió- espero que el bueno de Gabriel no se haya dejado nada. Me siento más tranquilo así, ¿Sabes?Se sentaron en la mesa. Carlos activó un holograma de la ciudad de Koopachópolis que se mostró en el centro de la misma.-Bueno, como ya sabéis, nuestra situación es completamente extrema -explicó- tenemos a los Nocturnus por un lado y a Steel por otro. Tan pronto como os fuisteis, se puso en marcha. Sacó una armada de droides de dios sabe dónde y se lanzó al ataque. La falange protectora de Navivilla estaba recogiendo las cosas para irse y apenas pudo reaccionar a tiempo. Los cañones AA2 y las baterías de combate estaban ya desmontadas y guardadas, lo cual le dio una tremendísima ventaja a Steel. Navivilla fue barrida del mapa en cuestión de horas. Los refuerzos enviados fueron detenidos por las tropas provinentes del puesto avanzado llamado Fortaleza S. Para cuando pasamos el bloqueo, los supervivientes venían corriendo hacia nosotros gritando que retrocediéramos, porque las fuerzas de Steel venían con carrerilla y nos iba a arrollar. Nos hemos replegado hasta la capital y levantado todas nuestras defensas. Pocos días después, cayó Villa Burbuja sin ofrecer casi resistencia. La única parte que aún resiste en el sector oeste de la isla es la metrópoli de Diamantina, en parte gracias a la Checkmate3, pero está aislada y no va a poder aguantar mucho más. Por otro lado, tus adorables Nocturnus -dirigió una mirada a Shade- se han extendido como un cáncer en toda la zona este, barriendo Flóreda y Merina en un mismo día. Su negro estandarte ondea ahora hasta literalmente el borde de esta metrópoli. Han levantado una gigantesca ciudad que han llamado Nueva Nocturnia, y una fortificación, Torre Nona. No son muchos, pero cada uno de sus soldados vale por diez de los nuestros, que es exactamente la proporción a la que estamos. Pero el gran problema son sus Gizoid, sus tanques y sus naves, que superan enormemente a los nuestros. ¿Puedes hacer algo al respecto, bonita?-Pues… -Shade meditó un momento. Ya hemos hablado de esto antes. Dentro de la Celda del Crepúsculo hay un ejército de semipelandeses e insurgentes Nocturnus, con Gizoid, tanques, naves y todo. Ahora están atrapados ahí, pero la rendija se mantiene así gracias a que las fuerzas que le influyen están igualadas: por un lado, la influencia del bastón quiere cerrarlo, y la de las joyas abrirlo más; y eso es lo que causa que esté así: demasiado pequeño como para que nada pase por ahí, pero no cerrado del todo. Pero si logramos que Nueve se distraiga con algo bien grande…-¡No entiendo todo esto de la magia arcana que se traen los Nocturnus y Maurders por igual! -se quejó Sleek, que había permanecido callado desde entonces-. Donde haya un par de ametralladoras… que se quiten las brujerías. No sé para qué progresamos si no.-Sí, es curioso cómo cuando algo mágico intenta salvaros el trasero se le llama BRUJERÍA, y cuando vais a intentarlo de la manera que ya os ha fallado ya innumerables veces se le llama PROGRESO, ¿eh? -argumentó Shade, sonriente.-¿Qué estás insinuado, maldita Nocturnus? -Sleek saltó de la silla.

2 Anti-Aéreo3 El mejor equipo de comandos de toda Pelandia. La Base 64, su principal infraestructura, está situada en Diamantina.

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-¡¡SILENCIO, los dos!! -gritó Carlos. Técnicamente, Sleek no pertenecía al mismo campo que él, pero su superioridad de rango le obligaba a obedecerle, aunque al menos le podía poner mala cara. Cuando se hubieron calmado, Carlos se dirigió a Shade-. Sí, ya lo hemos hablado antes, y mi punto de vista sigue siendo el mismo que la vez anterior: donde están, no nos son útiles; pero una vez salgan, lo agradeceré. Por otro lado, no te creas que solo usamos la fuerza bruta. Si lo hiciéramos, no seríamos pelandeses. También intentamos utilizar la cabeza. Te voy a contar ciertas tácticas militares nuestras, no porque me fíe más de ti, sino porque ya están en desuso.Carlos tecleó en su ordenador para que en el holograma se mostraran unos archivos clasificados. Entonces, comenzó la explicación.En primer lugar, habían tratado de engañar a los Nocturnus. Vano intento. Se generalizó el uso de tanques falsos, piezas de artillería de cartón y otros vehículos que imitaban a los auténticos. Eso distraía el fuego enemigo sobre esos objetivos y servía para aparentar que eran más de los que eran. También se aprovechó para hacerlos más grandes y avanzados tecnológicamente de lo que eran en realidad, con el intento de que los Nocturnus se lo pensaran dos veces. Pero en algún momento a los diseñadores se les fue la mano de tal manera que los Nocturnus debieron decirse “eso ya no es posible” y empezaron a sospechar. Ahí se fue al traste la estrategia. Se intentó reutilizar le técnica colocando muñecos vestidos de soldados en las trincheras junto a los de verdad para distraer el fuego enemigo, pero a la primera trinchera que fue capturada, de la cual huyeron los soldados dejando atrás los maniquíes, se obtuvo un reacción similar por parte de los Nocturnus. En aviación funcionó mejor. Los cazas de cartón piedra eran relativamente baratos y eran iguales que los originales, salvo porque eran más vistosos. Eran teledirigidos desde la nave nodriza más cercana. No tenían armas, puesto que su principal labor era distraer a los enemigos de los cazas reales, y en ocasiones se podía hacer que volaran entre los cruceros para que se disparasen entre ellos al intentar darles. Y cuando estaban muy dañados, siempre que era posible, se les lanzaba de cabeza contra los puentes de mando de las naves enemigas. Muchas veces no lograban mucho, salvo enfurecer a los tripulantes, pero si los escudos estaban bajos se podía lograr inutilizar la nave o, en el mejor de los casos, provocar una reacción en cadena.Inspirados en la técnica de los robots kamikaces, los ingenieros pelandeses desarrollaron mini-tanques cargados hasta los estribos de explosivos, los cuales se dejaban en el suelo y avanzaban en línea recta hasta tocar con algo, momento en el que se producía una explosión equivalente a veinte kilos de dinamita, capaz de destruir un blindado Nocturnus a la primera o un escuadrón entero. El problema era que los enemigos se adaptaron muy rápidamente a esa técnica y disparaban por reflejo a cualquier cosa diminuta que se acercase a gran velocidad. Ahora se usaban muy poco porque solo eran efectivos de noche o en zonas con hierba alta, porque debían no verse.Y siguieron con técnicas a cual más estrambótica que la anterior. Shade observaba y callaba. Al final, Carlos apagó al holograma.-El principal problema es que la mayoría de los planes han fracasado porque los Nocturnus, o Steel, han sabido adaptarse con mucha rapidez, pero lo más alarmante es que a veces ha sido incluso en el primer ensayo, lo cual da a entender que ya sabían con antelación de qué iba a ir la cosa. Si no fuera porque

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es imposible que haya espías entre los pelandeses, yo diría que alguien le pasa información a los Nocturnus.La sola mención de esa frase hizo que más de la mitad de los asistentes se giraran hacia Shade, pero esta ni se inmutó.-¿Por qué es imposible? -preguntó Tailor.-Porque controlamos continuamente las transmisiones que se efectúan desde y hacia aquí -explicó Gary-. Incluso un canal pirata sería inmediatamente detectado. Y también controlamos exhaustivamente todas las entradas y salidas de todo el mundo a los laboratorios, despachos, salas de material y la propia entrada. NADIE puede salir sin motivo ni demasiadas veces seguidas. Y siempre les seguimos para ver qué hacen si van fuera del recinto.-Ya… pues centrémonos en diseñar una estrategia nueva -propuso Leeg-. Si fracasa antes de empezar sabremos que el traidor tiene que estar entre nosotros, si es que hay.-Entonces propongo que la Nocturnus salga -dijo Sleek.Con ello obtuvo unas pocas miradas de aprobación, aunque bastantes de rechazo. No se esperaba eso último.-¿Qué? -se encogió de hombros-. Solo quiero que la Nocturnus quede libre de sospecha. Bueno, y si los enemigos lo descubren, podré quitarme la duda de la cabeza de si es de fiar o no.-Pero el problema es que ella sabe más que nadie sobre nuestros enemigos, cabeza de chorlito -alegó Trest.-De hecho… -Shade se levantó y le tendió a Carlos una unidad de memoria- pon esto en el holograma, anda.Si bien todo el mundo se habría esperado jugosos secretos acerca de los Nocturnus, se quedaron decepcionados por la poca cantidad de archivos que éste contenía. Pero las explicaciones de Shade convirtieron esa escasa información en datos muy importantes.-Bien -explicaba ella mientras sacaba en pantalla un crucero Nocturnus estándar- las naves Nocturnus no se construyeron como las pelandesas. Tienen una distribución muy distinta. Por ejemplo, sus puntos flacos suelen estar aquí, aquí y aquí -señaló varios puntos de la nave que parecían aleatorios-. Aunque no lo parezca, aquí debajo está el generador del escudo, el soporte vital y uno de los almacenes de munición. Si bien los generadores de la nave están en el centro del todo, inalcanzables desde fuera, darle en cualquiera de estos puntos será fatídico para la nave. Casi tanto cómo tirarle un caza de mentira a la cara, pero con más posibilidades de éxito.Se giró. La mayoría de los presentes, por no decir todos, tomaban apuntes como locos, incluso aquellos que desaprobaban a Shade.-Excelente -comentó un pelandés con traje de piloto-, esa información será de crucial importancia para los cazas y destructores.-Así que, para libraros de esas molestas naves que no paran de rondar alrededor del escudo, no tenéis más que colocar a los cañones AA apuntando hacia allí y ¡problema resuelto!-Ya, pero es que el hecho de que los escudos bloqueen los disparos del exterior tiene un grave defecto: también absorbe los disparados desde dentro.-¡Ah! ¿En serio? En Nocturnia no tenemos esos problemas…-¡Serás…! -comenzó Sleek.

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La una de la mañana. Oscuridad absoluta si no fuera por una media luna en el cielo. Larry salió de la protección del escudo de Koopachópolis e, amparado por la oscuridad, avanzó cuerpo a tierra hacia la primera posición señalada.El plan era sencillo: las baterías AA de los pelandeses no podían disparar desde dentro del escudo mientras estuviera activo, y para poder romper el sitio que rodeaba la ciudad era necesario deshacerse de el bloqueo de naves que rondaba por el cielo, sobretodo las Nocturnus. Una vez despejado el cielo, o al menos en su mayoría, las naves pelandesas podrían despegar y atacar a la infantería enemiga, que se habría quedado sin apoyo aéreo.Pero el problema era que había que disparar desde fuera, no desde dentro, y salir de la protección del escudo con la que había liada fuera sería una locura. Por eso, Gary había diseñado unos mini-cañones que disparaban un único y potentísimo proyectil al cielo, y podía derribar naves enemigas si daba en un punto flojo. La idea era instalarlas fuera del escudo, enterradas, para que no fuesen detectadas. Entonces, cuando los Nocturnus iniciasen el ataque, los cañones serían activados por control remoto y el resto sería fácil.Larry llevaba consigo cinco de esos cañones en la mochila, aparte de las herramientas necesarias. Varios valientes como él estaban saliendo simultáneamente por otros puntos para instalar sus cañones. A él le había tocado la parte más complicada: instalar sus cañones junto a el destacamento Nocturnus más avanzado. Si se daba la alarma, se podía liar buena.Media hora más tarde había instalado ya dos cañones. Entonces se dirigía a la posición del tercero cuando se encontró con dos Nocturnus de patrulla. Con la pala en una mano y una pistola con silenciador en la otra, les escuchó sin moverse ni un milímetro.-Bonita noche, ¿no crees? -preguntó uno.-Sí -respondió el otro-. Creo que la luna es aún más bonita que el sol.-Puede… ¿Recuerdas a los Kron y su luna? La consideraban una diosa. Como se te ocurriera pronunciar mal su nombre en su presencia, podías engrosar la lista de Nocturnus caídos en acto de servicio…Se rieron. A Larry no le habría costado nada quitárselos de encima, pero no quería correr el riesgo de que le vieran y dieran al traste con el plan. Y mientras pensaba, le vino un estornudo. Mal momento en mal lugar, y aunque logró comprimirlo, llamó la atención de uno de los soldados.-¿Has oído ese murmullo? -comentó-. Sonaba como si algo estuviese tras ese matorral.-Quizás. Voy a ver.Larry quitó el seguro de la pistola. Si iba a atacar, tenía que ser ahora. Pero ese movimiento asustó a una ardilla que estaba a su lado, que salió corriendo hacia los Nocturnus. El que estaba delante dio un grito y cayó para atrás del susto.-¿Qué era eso?-Creo que una ardilla. Inofensiva.-¿Una ardilla? ¿Y eso qué es?-Un animal que hay por aquí. Cuesta mucho verlas porque son muy pequeñas y muy rápidas. Venga, a ver si se para y la podemos ver…Se alejaron sigilosamente en dirección contraria a Larry, el cual suspiró de alivio. Se dio media vuelta y volvió al trabajo. Una hora más tarde ya había vuelto al escudo sin más percances.

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Tres días más tarde, los Nocturnus iniciaron un ataque sin contar con las fuerzas de Steel, que se mantuvieron en su puesto. Los pelandeses habían montado con antelación una barricada defensiva justo tras el escudo, intentando exprimir las ventajas del terreno lo máximo posible, dejando a los Nocturnus completamente expuestos. Sabían que si lograban abrirse paso, a la segunda y tercera línea defensiva no les iba a ir mucho mejor. Las fuerzas aéreas pelandesas eran casi nulas, debido a que solo las naves más pequeñas podían volar dentro del escudo sin salir de él o chocarse con nada. Los cruceros estaban estacionados y listos para despegar, pero solo lo harían cuando los cañones secretos hubiesen disparado. Todo el mundo estaba en una tensa espera, y Gary, desde Mando y con el mando a distancia de los cañones en la mano, era consciente de que sólo tenía una oportunidad. Los Nocturnus atacaban con todo lo disponible, incluyendo infantería, motos, vehículos blindados, jeeps, cazas y naves. Sólo la infantería y los vehículos podrían pasar el escudo, aunque únicamente los primeros se desenvolverían bien en combate urbano. Sin embargo, una vez cayera el escudo, así fuera sólo el primero, las naves Nocturnus harían estragos en la ciudad.A medio camino, los Nocturnus hicieron una maniobra rarísima: todas las unidades terrestres se detuvieron por completo. Los cazas y bombarderos entraron en los cruceros y solamente avanzaron éstos. Era incomprensible. Y era también como una utopía para los pelandeses: si la infantería no avanzaba, no descubrirían los cañones; los cazas y bombarderos en el interior de las naves se vendrían abajo también y el avance temerario de los cruceros no podría hacer nada para evitar la trampa. Pero había algo raro en todo eso.-Es como tener el cielo abierto… -comentó Tailor desde Mando-. Éstos se huelen algo. No pueden ser tan tontos. ¡Dispara de una vez, Gary!-¡Todavía no! ¡Tienen que estar justo sobre los cañones!-¡Y eso significa justo delante del escudo! ¿No podíais haberlos puesto un poco más lejos?-Ya, y que nos acribillen los Nocturnus, ¿no?-¡Señor -gritó un soldado desde el radar-, se colocan en posición de ataque!-¿Pero qué hacen? Saben que atacar al escudo de cabeza no servirá de nada…Entonces los cruceros abrieron fuego. Pero no disparaban al escudo, sino justo debajo… ¡A los cañones escondidos! Uno tras otro fueron explotando al recibir el fuego de las naves. Desde Mando, anonadados, vieron como sus trampas quedaban reducidas a cenizas. Pero no les quedó tiempo para lamentarse, porque las fuerzas terrestres Nocturnus se lanzaron a la carga. Sleek, desde las trincheras, estableció contacto.-¿Pero qué pasa? ¡Se suponía que el plan de la Nocturnus era infalible! ¡Exijo que la detengan inmediatamente! ¡Nos van a dar una paliza aquí abajo!-¡Deja de quejarte y mantén la posición! ¡Estamos intentando averiguar qué ha pasado!Entonces, uno de los cañones, que se había salvado del bombardeo y no había disparado cuando dieron la orden porque iba defectuosamente retardado, lanzó su carga letal contra el crucero que tenía encima. Le destrozó un costado y empezó a arder, cayendo sobre las tropas Nocturnus, que se apresuraron a retirarse. Aquel golpe de suerte ayudó a convencer a los Nocturnus que quizás escondían más trampas de las previstas, y ordenaron la retirada total. Aunque el triunfo era sólo temporal, tanto en Mando como en todas las líneas defensivas pelandesas estallaron vítores por la victoria. La primera en toda la guerra.

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Una hora después, Sleek entraba en la sala de Mando, furibundo.-¡Se acabó, maldita Nocturnus, yo no te doy más confianzas! -le gritó a la cara a Shade- ¡Tu plan ha fracasado terriblemente porque tus compatriotas se lo sabían mejor que los programas de la tele! ¡Y sólo lo sabíamos los aquí presentes! ¡¿Me vas a negar que se lo has chivado?!-¡Cuádrese, capitán! -gritó Carlos, desde su asiento- ¡Si ese último proyectil no se hubiese disparado, ahora usted probablemente no estaría aquí, así que, a la postre, Shade le ha salvado la vida! ¿Y para qué chivarles un plan a los Nocturnus si no se lo dice entero? Aquí hay un traidor, pero ella no es.A Sleek no le quedó más remedio que asentir. Pero la cuestión era que la presencia de un topo entre los pelandeses había quedado más que demostrada. La pregunta ahora era de quién se trataba.

A pesar de todo, Shade salió ilesa de todo ese asunto. La FCEP seguía sin quitarle el ojo de encima, pero al menos se fiaban más de ella.Un día, paseando por la base, aunque cueste creerlo, se perdió. Aunque también su guardián la había perdido de vista. Entonces se dio cuenta de que se había metido en una de las salas de comunicaciones, ahora vacía por ser la hora de comer, que usaban los pelandeses para comunicarse con otras ciudades bajo su control. Ya situada, se dijo que era mejor volver a un sitio concurrido antes que dieran la alarma general por haber desaparecido sin avisar. Igual podía ir al comedor, porque por muy Nocturnus que fuera, ella también necesitaba alimentarse. Con un poco de suerte, no le darían la comida envenenada.Riéndose de su propio chiste, Shade se dio media vuelta hacia la puerta, cuando oyó a alguien usando un comunicador, hablando muy bajito. Le picó la curiosidad y se acercó a escuchar.- …lo siento, ¿vale? No pude preveer que habría una más de las esperadas. No había manera de saber cuántas había. Aunque, a fin de cuentas, es culpa vuestra por no apuntar bien…Le respondieron tan bajo que Shade no lo oyó.-Perdón, perdón, no quería faltaros al respeto, pero debéis reconocer que, dentro de lo que cabe, he hecho mi trabajo…Nueva respuesta. Eso se ponía cada vez más interesante.-Mil gracias. Os seguiré informando si sé algo más. No tienen ni idea de que soy yo, pero a la más mínima sospecha, trataré de salir de aquí con todo lo que pueda.Volvieron a responderle. Shade estaba segurísima de haber escuchado esa voz en algún sitio antes.-Sois muy amables. Dadle mi foto a vuestras tropas para que no me disparen y todo irá bien. Pero os tengo que dejar, porque los soldados van a volver…La silueta apagó el comunicador y, tras borrar el historial, abandonó el escritorio en el que estaba sentado. A Shade no le dio tiempo a esconderse, pero intentó aparentar que acababa de entrar.-¿Tú qué haces aquí? -le espetó un pelandés militar. Por el uniforme, no cabía duda de que era alguien importante. General o superior.-Me he perdido. ¿Hacia dónde queda el comedor?-Por donde has venido, todo hacia abajo. Bloque 6.-Gracias.

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Tras unos segundos de silencio, Shade se dio cuenta de que no le quedaba más remedio que salir la primera. Tampoco podía arriesgarse a seguirle ahora que estaba sobre aviso. Pero lo peor era que había visto a ese pelandés antes y sabía quien era, pero no podía recordarlo.

Esa misma noche hubo un altercado grave. Shade dormía en su habitación, con Leeg en la cama de al lado y Alfa 73 plegado en una esquina. Entonces alguien entró en la habitación esforzándose por no hacer ningún ruido. De ser una pelandesa normal, probablemente Shade no se habría enterado de nada, pero años en el ciclo de conspiraciones de Nocturnia le habían enseñado a ser precavida. Su ayuda en el golpe de estado que permitió a Nueve ser emperador le granjeó muchos enemigos -aunque ahora se arrepintiera de ello-, y ya estaría muerta de no haber aprendido a sobrevivir en la jungla del palacio Nocturnus. Y es que Shade nunca estaba dormida del todo. Aunque no era que ese estúpido hubiera hecho ningún ruido, era lo que había cenado. Probablemente él ya no lo oliera, pero un ligerísimo olor a ensalada de cebolla impregnó el ambiente con su entrada.El pelandés le apuntó con una pistola silenciada. Shade se habría esperado un ataque con un cuchillo, pero de haber apuntado mal, un grito de dolor podría levantar a todo el mundo. La pistola era más seguro.Un “chip-chip” le comunicó que aquel asesino había disparado dos veces. Entonces se acercó para comprobar que no había errado el blanco, momento en el debió creer que la oscuridad se le venía encima.Shade no era tonta. Había tenido la precaución de colocar una trampa junto a su cama con un diseño similar al de una ratonera, la cual le prevenía de cualquier intento de puñalada. Lo de la pistola lo habría estropeado todo de no haber tenido la precaución de dormir con armadura. Solía hacerlo, pero esa noche más que ninguna. Sospechaba que el pelandés que había sorprendido hablando por el comunicador tenía algo que ocultar, pero el mandar un asesino a por ella por la noche le confirmaba que ese algo era muy grande. Y creía saber de qué se trataba.Al encender la luz pudo comprobar que el pelandés estaba atrapado bajo la barra de metal de la ratonera, y que la pistola que llevaba había caído fuera de su alcance. El grito de sorpresa que había dado había servido para despertar a Leeg, y a las habitaciones vecinas también, que por suerte eran las de sus compañeros, los cuales no tardaron ni treinta segundos en aparecer en su habitación, todos ellos. Respecto al pelandés, no tenía mucho más que decir, porque se había desmayado. Ahora que lo podían ver más de cerca, iba de vestido completamente de negro, aunque la presencia de unos galones y la bandera pelandesa bordada en el pecho delataban su condición de militar. Riu extrajo del bolsillo de la chaqueta una cartera y rebuscó en ella hasta encontrar la identificación del soldado en sí. Era el teniente Gerard Licht, operaciones especiales. Shade no le conocía, pero una foto suya en la cartera y un par de notas a mano de su comportamiento (el que aparentaba) daba la sensación de que aquello estaba muy preparado. Más que premeditado. Aunque le sorprendía que aquel pelandés no hubiera prestado atención a la nota que ponía: “nunca duerme del todo”. Se había confiado.

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Shade pasó a explicar a todos lo que había visto en la sala de comunicaciones. No se lo había dicho a nadie para evitar que el sospechoso levantase el vuelo, pero a ellos sí que se lo podía decir sin tapujos.Entonces asomó un soldado de guardia por la puerta. Mal momento.-Oye, que hay gente durmiendo. ¿Os importaría mucho…?Entonces vio al pelandés inconsciente en la puerta -lo habían sacado de la ratonera- y articulando un <¡Dios mío!> salió corriendo.-Bueno -comentó Sparks-. Se acabó la tranquilidad.No habían pasado ni cinco minutos antes de que la habitación se llenara de gente. Carlos y Gary, recién levantados, el capitán Sleek, muy despierto por estar de ronda y otras personalidades pelandesas. Incluso Nicole4, para gran alegría de muchos de los presentes -todos masculinos, sea dicho-, se había dignado a abandonar el ordenador y aparecer para ver que ocurría, aunque el estar flotando en el aire no ayudaba mucho. Todos parecían tremendamente enfadados con Shade por varias razones, algunas obvias -agredir a un soldado, aunque sin escuchar que él había intentado asesinarla-, otras personales -el odio instintivo a los Nocturnus- y otras más bien egoístas -levantarles en plena noche (por favor…)-. Unos enfermeros se intentaron llevar disimuladamente al desmayado pelandés; pero cuando Shade se dirigió a ellos para decirles que solo tenía una contusión, retrocedieron aterrados, lo cual solo sirvió para acentuar el odio de algunos hacia ella.-¡Lo sabía! -dijo Sleek, apuntándola con el dedo, acusadoramente- ¡Lo sabía! ¡No debimos fiarnos de ella! Nos distraemos un segundo, y mira la que lía. A esta hay que ponerla bajo custodia antes de que nos elimine a todos.-¡Dios santo! -saltó Trest- ¡Si ha intentado matarla! ¿La legítima defensa no está permitida para los Nocturnus?-Además -añadió Sparks-, no ha respondido con igual magnitud. El teniente solo está inconsciente.-No me puedo creer que esto esté pasando -dijo Carlos, indignado-. Puedo entender que algunos de nosotros todavía no traguen a Shade (y tras lo de esta noche, aún menos); pero lo que no alcanzo a comprender es que a alguien se le vaya la olla de esta manera. Esto no suele ocurrir en Pelandia.-Entonces… ¿Me crees? -aventuró Shade.-Todavía no, es una hipótesis, habrá que ver las cámaras de seguridad, pero si dices la verdad, no habrá problema.-Pero el dilema ahora es… -intervino Nicole por primera y única vez- ¿ese pelandés actuaba por su cuenta o alguien le había mandado hacerlo?Así era ella. Parca en palabras, pero dejaba muy claro lo que pensaba -o procesaba, vaya-. Quizás por eso la admiraban.-No sé… creo que no tengo enemigos en las altas esferas, al menos tan obsesos cómo este -miró sagazmente a Sleek-. Creo que iba a su cuenta y riesgo.Después de quince minutos más discutiendo, por fin se pudieron ir a dormir. Tal y como era de esperar, cada cual a su manera. Gary se fue reflexionando para sí mismo; Carlos, callado y pensativo; Sleek bufando y soltando improperios por lo bajo contra Shade y toda la raza Nocturnus; y Nicole simplemente hizo ¡Puf! y desapareció. El resto se fue bostezando o imitando a Sleek.

4 Nicole es una IA creada por Gary y Sparks, con personalidad propia y capaz de aparecer en el plano físico con un cuerpo material -quizás demasiado bella-, pero no por mucho tiempo. Para más información, ver el anexo de personajes.

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A pesar de su elevado rango, el pelandés sospechoso no se dejó ver esa noche.

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CAPÍTULO 2 Traición

Shade no logró quitarse la cara del sospechoso durante mucho tiempo después. Recordaba haberlo visto en algún sitio, y su elevado rango militar lo hacía candidato de estar en Mando de vez en cuando, pero tras ese día en el que lo descubrió, varios miembros faltaron sistemáticamente, ya fuera porque estaban de misión, enfermos u ocupados. Considerando a Tailor como el que más sabía del ejército pelandés debido a su experiencia en el ejército regular hace años5, le describió el uniforme que había visto para hacerse una idea del poder de su oponente. No le gustó la respuesta.-Uf… -Tailor sacudió la mano tras escuchar la descripción-. No sabría decirte exactamente. A partir de teniente coronel, los uniformes son únicos porque los ha diseñado el propio oficial para ser distinto de los demás. No sabría decirte exactamente de quién me estás hablando, pero te aseguro que es alguien de muy arriba.-Da igual -contestó Shade-. Una vez le vea, sabré quién es.Pero los días pasaban y el oficial seguía sin aparecer. Más tarde se enteró que varios altos mandos del ejército habían sido enviados a Diamantina para frenar el avance de Steel, y probablemente su pelandés se había ido también. Sin embargo, eso quería decir que su apartamento también estaría vacío, por lo que investigarlo sería tarea fácil… literalmente, porque el bloque de viviendas de la mayoría de los altos mandos estaba increíblemente vigilado.Aunque, se dijo, nunca vienen mal unas prácticas de infiltración.

Nuevamente a la una de la mañana, se emprendía una misión de sigilo, con la diferencia de que la única participante de ella era y tampoco contaba con la autorización de los pelandeses. Por cierto, se habían confiado tanto que ni le habían puesto guardias en su puerta. Fallo elemental. Si Shade hubiera sido una espía o una saboteadora, no habría dejado títere con cabeza. Suerte que no lo era.Llegar al bloque de apartamentos A, que era al que se dirigía, le llevó más de media hora, a pesar de que solo había cien metros de separación entre ambos edificios. Parte de la culpa la tenían las constantes patrullas de soldados pelandeses que recorrían constantemente las calles y zonas más importantes. Sin bien se habían apagado todas las farolas y fuentes de luz, los centinelas iban equipados con linternas cuyos intensos halos de luz barrían constantemente los alrededores. Si Shade había pensado en algún momento que se habían confiado, ahora lo retiraba. Más de una vez le pasó cerca un haz de luz, haciendo que el soldado que lo alumbraba se detuviese y comprobara los alrededores; y en una terrible ocasión, por culpa de un despiste suyo, le enfocó de lleno una linterna. El centinela, que iba solo, dio un alarido y cayó para atrás. Shade se escabulló justo a tiempo, porque se le venían encima dos brigadas enteras alertadas por el grito.Para cuando por fin logró llegar al bloque A, eran las dos y media. En el interior, las cosas eran aceptablemente más fáciles: los centinelas escaseaban mucho más y nunca comprobaban las habitaciones por miedo de despertar a sus superiores,

5 Tailor, antes de ingresar en el ejército de élite, estuvo en el regular. Fue a la Academia Militar y de ahí pasó directamente a capitán de un destructor estelar de la armada pelandesa. Más información en el anexo de personajes.

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ya que no sabían cuáles estaban vacías y cuáles no. Pero lo mismo se aplicaba a Shade. Tenía que entrar muy despacio para asegurarse de que no había nadie, y una vez comprobado, encendía las luces. Con ese truco, se aseguraba que los centinelas que pasasen cerca de su puerta pensasen que en esa habitación había un oficial despierto, por lo que mejor no molestarlo. El momento más tenso de la noche aconteció cuando encendió la luz sin comprobar antes que no hubiera nadie durmiendo, y un capitán pelandés se despertó. Shade apagó la luz a toda velocidad y salió corriendo, pero el oficial la siguió. Tuvo una tremendísima suerte de que un centinela pasase justo en ese momento, porque el capitán debió pensar que la luz que le había despertado la había producido una linterna de un soldado despistado. Shade aguantó sujeta de las vigas del techo mientras el pobre recluta recibía una reprimenda del oficial sin saber muy bien a cuento de qué.La búsqueda resultó completamente infructuosa: en la mayoría de los casos no encontró nada fuera de lugar y cuando encontraba una carpeta confidencial, resultaba que estaba allí debido a que ese pelandés llevaba ese asunto. Se dio por vencida a las cinco de la mañana. Más le valía volver y dormir un poco, porque si no, al notar que estaba medio dormida, los pelandeses sospecharían algo.Entró en la última habitación que pretendía revisar aquella noche. Al encender las luces pudo notar que era mucho más espartana que el resto de las dependencias, y la decoración consistía únicamente en fotos y medallas colgadas de la pared. En casi todas aparecían escuadrones enteros de pelandeses sonrientes, y debajo venía escrito el nombre del pelotón y un rango militar, que Shade supuso que sería el del habitante de esa dependencia: “6º Regimiento de Infantería, sargento; 18ª Patrulla Aérea de élite, teniente; FCEP escuadrón Gamma, capitán; Dirigente del destructor estelar Andrómeda, coronel… Aquellas fotos eran muy antiguas y la más reciente tenía cinco años; así que a saber dónde estaba ahora y qué rango ocupaba con la afición de ascender que tenía ese pelandés. En medallas tampoco se quedaba corto: Cruz de Hierro al Valor, Orden del Pelandés primera clase, Medalla de Honor de la armada… fuera quién fuese ese soldado, no quedaba duda alguna de que había hecho las cosas bien.Ya que le picaba la curiosidad, decidió seguir investigando. Encontró uniformes de repuesto de militar y de gala, pero debido a su escaso conocimiento de las graduaciones del ejército pelandés, no pudo identificar el rango. Abrió la caja de caudales oculta tras una foto con sumo cuidado y examinó su contenido. El número de carpetas confidenciales era abrumador, y en muchos casos estaban clausuradas. Pero, si lo estaban… ¿Para qué guardarlas en la caja fuerte? Entre ellas figuraban varios informes recientes acerca de las reuniones en Mando y estrategias fallidas pelandesas. Para su sorpresa, encontró una carpeta dedicada exclusivamente a ella, con todos sus movimientos apuntados y un amplio abanico de fotos. Pero lo más extraño es que estaba incluida su visita por accidente a la sala de comunicaciones con el consiguiente encuentro. Pensaba que en aquel cuarto no había nadie más que ellos dos… También sacó un sobre con un sello pelandés que indicaba: “Paga mensual”. Si bien Shade no sabía qué grado tenía aquél oficial, ver su sueldo le daría una idea aproximada. Abrió el sobre y sacó su contenido sobre la mesa.La primera sospecha surgió al ver el dinero en efectivo.La prueba determinante se la dio el hecho de que fueran créditos Nocturnus.

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Día siguiente, ocho de la mañana. Sala de Mando. TODOS los pelandeses que conformaban el grupo y estaban en Koopachópolis se habían reunido allí, cosa casi imposible en circunstancias normales. Los equipos Alfa y Delta también estaban presentes. Esperaban a Shade. A eso de las seis de la mañana había entrado en la habitación que compartía con Leeg como un huracán y la había levantado a base de gritos, diciéndole que reuniera a todo el mundo en Mando de inmediato. Tan pronto como llegó Carlos, que entró de los primeros, Shade le pidió permiso para ir al bloque A y una autorización para recoger unas cosas de una habitación de allá. Éste, más intrigado que otra cosa, firmó el papel casi sin darse cuenta, y le pidió a Sleek que la acompañara, aunque tuvo que salir corriendo para alcanzarla.Diez minutos más tarde, Shade entraba en la habitación con una caja de cartón llena de cosas. Sleek entró justo después, jadeando.-¡Pufff...! -intentó respirar hondo, fracasando por culpa de un ataque de tos-. ¡Yo no la entiendo! ¡Ha entrado como un basilisco en una habitación determinada mientras el soldado de guardia estaba todavía leyendo la autorización y ha empezado a guardar cosas en esa caja hasta llenarla! ¡Qué alguien me explique esto, por favor!-Nos lo explicará la comandante Shade, espero -dijo Gary.-Bien esperas -Shade guardó silencio mientras buscaba en la caja-. He encontrado al traidor que le contaba vuestras estrategias a los acólitos de Nueve.El que menos, se cayó de la silla. El silencio sepulcral que se levantó después solo sirvió para acentuar la expectación. Los oficiales militares se miraban unos a otros, temerosos de que Shade pudiera levantar el dedo y señalarles acusadoramente.-¿Y… eso? -preguntó la única persona que había logrado salir del “shock”-. ¿Qui… quién es?-Este pelandés. Este es quién os ha vendido a los Nocturnus.Dejó sobre la mesa un Carnet de Identidad que había sacado de la caja. Todos los presentes se inclinaron al unísono para verlo, cosa que no les sirvió de nada porque Carlos lo cogió de inmediato.-¿Daniel… Trébol? ¿¡Daniel Trébol?! -levantó la vista del carnet- ¿Sabes cuál es el rango de tu acusado?-Esperaba que me lo pudieses decir… -dijo Shade, ladeando la cabeza.-Capitán General. Lo que antiguamente se denominaría un Mariscal. El rango máximo dentro de un ejército.La gente de Mando se quedó estupefacta. Era tan irreal que costaba creerlo. Una persona tan comprometida como Daniel no podía estar pasándole información a los enemigos. Sin embargo, las pruebas que Shade traía en la caja eran determinantes: archivos de las estrategias y ataques que les iba pasando a los Nocturnus, el dinero que recibía a cambio, fotos y documentación secreta acerca de cada instalación pelandesa de importancia… hasta una escritura de una casa en Nueva Nocturnia para cuando acabase la guerra. Vergonzoso. Pero lo más duro fue una recopilación cuidadosamente seleccionada por Shade de conversaciones entre Daniel y su enlace Nocturnus. La que Shade escuchó había sido la penúltima, y tras esa había habido otra más, en la que comentaba que había sido descubierto por la Nocturnus traidora y que tenía que salir de allí. El oficial enemigo con el que hablaba le sugirió hacerse con todo lo que pudiese, volar en pedazos lo demás y salir aprovechando la confusión.

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-Un momento… -intervino Sleek-. ¿Volar… en pedazos? ¿Pero qué…?Entonces se produjo una violentísima explosión en algún punto de la réplica, que tembló entera. Empezaron a sonar alarmas por todas partes y un altavoz comenzó a transmitir atropelladamente información de diferentes pelandeses situados en diferentes lugares que anunciaban que el generador de energía había saltado por los aires y varios almacenes habían sido dañados por la onda expansiva. No habían terminado de reportar los daños cuando una sucesión de detonaciones en diferentes lugares dejó claro que Daniel había hecho muy bien su trabajo. Un torrente de nuevas voces se unieron al ya de por sí incongruente mar de información que salía a trompicones por el altavoz. Entre los gritos se distinguían los lugares del ataque: varias granjas, un soporte vital, el hospital, los polvorines 3, 6 y 7; los barracones y el bloque de apartamentos A. Durísimos golpes para los pelandeses.Entonces Carlos agarró el micrófono y gritó un potentísimo <¡¡¡SIII-LEN-CIO!!!> que hizo callar a todo el mundo. Después preguntó dónde estaba Daniel Trébol. Silencio absoluto al otro lado de la línea. Tras eso se oyó una voz que musitaba:-¿El capitán general? Acaba de pasar por aquí mismo…-¿Quééééé? ¿Dónde está usted, soldado?-En la salida tres. ¿Por qué?-¡Rápido, intercéptelo como sea! -dejó el micrófono- ¡Todo el mundo tras él!Salieron disparados de la habitación.

-Bien, todo en orden -dijo el soldado que guardaba el último puesto pelandés antes del escudo-. Puede salir.Daniel asintió. Llevaba consigo un maletín que parecía muy pesado. Cuando se habían ofrecido a llevárselo, se negó en redondo. Dio un par de pasos hacia el escudo, y entonces el soldado le detuvo. Daniel se llevó la mano a la pistola, pero lo único que quería saber, si no era mucha molestia, a dónde se dirigía con la ciudad completamente rodeada.-Hay un túnel justo a la salida que comunica con Aufulgluch justo a la salida del escudo. Si me meto rápido, no me verán.-Aaaaah, ya entiendo.El guardia se apartó para dejarle pasar. Justo entonces se abrieron las puertas que comunicaban con la réplica para que saliera un destacamento completo de soldados, con Sleek y Larry al frente.-¡Ahí está! ¡Deténgalo, soldado, muévase! -ordenó Sleek al centinela.El pobre recluta no le dio tiempo ni a coger su rifle, confundido, cuando Daniel se lo quitó de encima con un empujón y salió corriendo. Los soldados abrieron fuego, pero les llevaba mucha ventaja.-¡Se va a escapar! -gritó Larry al intercomunicador- ¡Grupo 2, adelante!De detrás de una pared delante del capitán general surgió un equipo de fusileros al completo, con Gary, Leeg y Riu de dirigentes.-¡Disparad! -gritaron al unísono- ¡Disparad, maldita sea!Daniel se cubrió tras un escombro justo a tiempo para evitar la letal descarga y siguió corriendo mientras los soldados recargaban. Gary soltó un par de palabrotas preguntando por qué esos inútiles siempre disparaban toda la munición de una rociada.-¡Sigue su camino! -comunicó Riu por el transmisor- ¡Grupo 3, detenedlo!

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Daniel ya podía ver su meta, al otro lado del escudo, pero se abrieron un par de exclusas y de ellas surgieron Carlos, Tailor y Shade, con las armas a punto. Nicole se materializó entre ellos.-¡Se acabó el juego, Daniel! -dijo Carlos- ¡Ríndete!Por detrás se acercaban los otros dos grupos de caza. No tenía por donde escapar. Sólo le quedaba una opción. Desenvainó la espada pelandesa y cogió su pistola con la otra mano. Pensaba pelear.-¿Estás loco? -se rió Nicole-. No vas a poder con todos nosotros. Has perdido.Se le congeló la risa cuando Daniel le disparó a la cara. De por sí, cualquier tipo de proyectil es altamente inefectivo contra Nicole, porque su cuerpo no se atiene a las leyes de la física y las balas la atraviesan sin hacerle nada; pero cuando se vaporizó en el aire dando un alarido de dolor quedó claro que no eran balas normales. Un segundo disparo contra el escudo hizo parpadear esa zona de la protección hasta apagarse.-¡Son balas de quantum! -les informó Gary desde la lejanía- ¡Afectan a todo lo que usa energía para mantenerse! ¡Las ha debido robar del laboratorio!No dio tiempo a decir nada más. Tres brigadas Nocturnus y una Gizoid entraron al unísono por ese agujero en el escudo al tiempo que Daniel se escurría entre ellos. La gran presencia militar pelandesa en esa zona consiguió repeler el ataque, pero el traidor había logrado escapar.Desde dentro del escudo, incompetentes, asistieron a como un oficial Nocturnus recibía a Daniel amablemente. No eran capaces de oír bien lo que decían, pero el capitán general le entregó el maletín y articuló algo parecido a <recompensa>. El oficial Nocturnus, con el maletín y sin dejar de sonreír, asintió.Entonces se apartó de un saltó y un soldado Nocturnus acribilló a Daniel Trébol con una ametralladora. Se derrumbó como un muñeco roto.

Dos días más tarde, en Nueva Nocturnia, Denis se repantigaba en su sillón, en su habitación de la copia del palacio de Nueve que se alzaba en el centro de la ciudad Nocturnus. Las habitaciones en las que estaba habían tenido mejores días: acababa de terminar una fiesta que había hecho con los oficiales superiores del ejército Nocturnus para celebrar una reciente victoria sobre los pelandeses en su intento de romper el bloqueo que rodeaba su capital y el hecho de que un pelandés más inteligente que el resto había traicionado a los suyos y les había pasado una valiosa información durante meses. Cuando finalmente lo descubrieron, causó graves daños en las instalaciones pelandesas y dio su golpe de gracia con un maletín lleno de planes y secretos pelandeses. El único fallo había sido que los pelandeses habían visto ese intercambio y ahora lo estaban reinstaurando todo para hacer de esos papeles algo inútil.Denis se preguntó qué había sido de aquel pelandés. Nueve había dicho que se encargaría de él con un trato especial, plan que no había dicho ni a sus más estrechos colaboradores. Probablemente le habría integrado entre los Nocturnus y ahora ocupaba un puesto alto en la jerarquía por su inigualable servicio a los Nocturnus. A Denis le habría gustado invitarle a la fiesta para felicitarle por su elección, pero había resultado ilocalizable.Entonces entró un sirviente en la habitación, tropezando con una silla que estaba en su camino. Denis se apuntó mentalmente que tenía que ordenar sus estancias cuando tuviera un momento.-¿Qué ocurre? -preguntó adormilado.

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-Ha llegado esto para usted y una copia para el comandante Frylet -informó-. ¿Debo dársela o se encarga usted? Aquí dice que es privado e intransferible…-Me encargo yo -cogió sendos sobres-. Gracias. Puedes retirarte.El sirviente salió con una ligera inclinación, tropezando de nuevo con la misma silla por andar de espaldas. Cuando se hubo ido, Denis abrió el sobre. Solamente pasó un poco los ojos por las primeras líneas, y, de no haberse impuesto el sentido común de que podría partirse la crisma, habría dado un triple mortal en el sitio.Salió a toda velocidad de su habitación y avanzó como un torpedo hacia las estancias de Frylet, llevándose por delante todo Nocturnus lo bastante desafortunado como para estar en su trayectoria. Se plantó allí en dos minutos, y eso que estaba al otro lado del palacio. Tal y como imaginaba, la carta de su compañero era una copia de la suya con el nombre cambiado. A Frylet no le hizo tanta gracia como a él, pero Denis estaba que daba saltos de alegría.-¡Te lo dije! ¡Te lo dije! -gritaba- ¡Te dije que no nos abandonaría!-No sé yo… No lo veo muy claro.-¿Qué problema puede haber? ¡Esto es la bomba!-Nos pide que vayamos solos… No me gusta ni un pelo.-¡Tranquilo! ¡Es ella! Fuimos sus compañeros durante siete años ¿Qué mal nos puede hacer?Shade les citaba a ambos en las ruinas de Navivilla dentro de tres días.

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CAPÍTULO 3 Aliados inesperados Navivilla. Shade había logrado obtener permiso para salir de Koopachópolis y reunirse con dos antiguos compañeros Nocturnus en un lugar muy alejado de la metrópoli, sin más confidentes que un par de soldados que la observaban con prismáticos desde una montaña cercana. Un aviso suyo y un batallón entero de pelandeses se personaría en cero coma. Aquel permiso había sido todo un lujo y era consciente de que lo tenía únicamente debido a su colaboración para atrapar a Daniel Trébol, aunque hubiera sido un auténtico fiasco; y también debido a que les había prometido traerles aliados nuevos, o en su defecto, algunos enemigos menos.Ya se vislumbraba el coche a lo lejos que traía a sus dos viejos amigos que habían sido tan idiotas como para aceptar una entrevista con ella sin preguntar siquiera. Hizo una última comprobación de que lo tenía todo a punto. No era tonta: se había preparado para un posible enfrentamiento. Además de sus propias armas, había escondido equipamiento extra en varios lugares secretos y plantado explosivos por doquier. Si la cosa se liaba…Y tenía pinta de que se iba a liar. Shade pudo apreciar que no iban del todo solos: en el vehículo había un soldado más que iba conduciendo, y ese todoterreno iba equipado con ametralladora, lanzamisiles y radio. Lo peor era la radio. Quería que ella fuese la única que pudiese pedir refuerzos en caso de emergencia.Agarró el primer detonador. Sus dos antiguos compañeros iban a tener una pequeña sorpresa explosiva…

-No me gusta esto -comentó Frylet. Luego se dirigió al conductor-. Para el coche.Se bajó del vehículo mientras echaba una mirada a sus alrededores.-Yo no me siento seguro aquí. Mira esas montañas. Perfectas para francotiradores o espías. Me pregunto si hemos hecho bien viniendo.-Pues si hay trampas, están bien escondidas. Sin duda es un trabajo de la maestra Shade, pero creo que estás siendo muy desconfiado…Un círculo de luces rojas se encendieron alrededor del jeep y empezaron a pitar con un “BIB, BIB, BIB…”-Oh -suspiró Frylet-, hija de p…-¡Todo el mundo fuera del coche! -gritó Denis.BIB, BIB, BIB, BIIIIIIIIIIIIIIB… ¡¡¡BOUM!!!El todoterreno saltó por los aires, con sus correspondientes ocupantes.

Denis recuperó el conocimiento al cabo de unos minutos. Estaba tirado en la nieve y le bailaban las pocas siluetas que era capaz de ver. Una sombra negra y violeta se acercaba desde lejos. El soldado que los había traído estaba tumbado bocabajo poco más allá. No habría sabido decir si estaba vivo. Comenzó a arrastrarse hasta el subfusil que estaba tirado en el suelo para hacerle frente a la silueta negra que estaba cada vez más cerca. No le dio tiempo. Le aplastó el brazo una bota negra azabache y violeta. Al mirar arriba, se encontró con Shade.-Buenas, Denis -dijo-. ¿Has venido aquí a ayudarme a derrocar a Nueve o a morir?-¿¡Qué?! -gritó él-. ¡Pensaba que estabas de nuestra parte!-Tch, tch, tch… respuesta equivocada…

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No le dio tiempo a decir nada más. Frylet le saltó encima, enfurecido.-¡Sabía que nos traicionarías otra vez más! ¡No debimos fiarnos de ti!-¿Sabes? -respondió Shade-. Me estoy empezando a cansar de que me llamen traidora…Se lo quitó de encima con una facilidad insultante, recordándoles una vez más que no tenían nada que hacer contra ella. Shade había perdido la espada que sujetaba con el golpe y una de las pistolas, pero sería una idiota si no lo hubiera previsto. Con un solo toque en su mando a distancia, emergió una ametralladora pesada del suelo, que ella cogió y comenzó a disparar al instante. Frylet tuvo que cubrirse para evitar un impacto fatal. Denis sacó su daga del cinturón, y logró partir el arma de Shade a la mitad, aunque ella se desembarazó de él con una buena patada. Tuvo que salir corriendo para atrapar la daga antes de que se cayera por un precipicio.-¡Ten más cuidado! ¿Quieres? -le espetó- ¡Es un regalo de cumpleaños!Frylet comenzó a disparar con su rifle desde donde estaba cubierto, obligando a Shade a cubrirse tras un escombro… emergiendo con un subfusil en cada mano, que ella había ocultado previamente en un falso suelo. Además, con el mando a distancia detonó una carga que derrumbó un talud de hielo detrás de Frylet, que se vio obligado a salir de donde estaba. Shade lo iba a rematar cuando el soldado que conducía el jeep, que se sostenía a duras penas, le quitó la pistola restante del cinturón y le disparó torpemente con ella, hasta que ella le lanzó sendos subfusiles a la cara, haciendo que cayera para atrás. Además, pulsó el último botón del detonador e hizo explotar varias cargas en el suelo que parecían aleatorias.Lo parecieron hasta que toda una sección situada cerca del precipicio comenzó a derrumbarse -sección en la que ellos estaban-. Shade se puso a salvo enseguida, pero Denis y Frylet estaban mucho más lejos, aunque el segundo pegó un salto muy arriesgado y logró engancharse en la pared con su espada. Denis ya pensaba en intentarlo él también, aunque sabía que estaba demasiado lejos para ello, cuando vio al conductor, que sostenía una cuerda que había sacado del siniestrado jeep y le hacía señas desde el borde.-¡Lánzalo! -le ordenó- ¡Lánzalo!Eso hizo, pero su ínfimo estado de fuerzas hizo que quedara ridículamente corto. Denis murmuró un <Debes estar tomándome el pelo…> y pegó un salto con carrerilla para agarrar la cuerda mientras caía, cogiéndose a ella mientras el soldado la izaba. -Ese ha sido el segundo peor lanzamiento de la historia -dijo al llegar arriba, resoplando-, de todos los tiempos.-¿Y el peor? -preguntó el Nocturnus.-Una vez que me dio por jugar al béisbol. No preguntes.Frylet había vuelto a enzarzarse en una pelea con Shade, y por extraño que pueda parecer, iba ganando. La rabia de haber sido traicionado le daba fuerzas infinitas frente a Shade, que se había hecho daño en una pierna tras la última carrera. Iba encadenando cada palabra con un golpe.-¡¡Serás -golpe- traidora -golpe- y estúpida -golpe- ¿cómo has podido -golpe- hacerle esto -golpe- al emperador -golpe- y a nosotros?!!Le logró clavar la daga en un brazo, haciendo que se le cayese al suelo el mando a distancia, que ahora emitía pitidos intermitentes. Denis se preguntó por qué.

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Frylet le iba a dar el golpe final cuando un estruendo le hizo volverse. Un grupo de tres naves pelandesas que volaban en triángulo hacia su posición: los refuerzos solicitados por Shade.

-Bien, aquí Delta uno -sonó la voz de Sparks en la cabina de control-. Aproximándose al objetivo. Contacto visual.-Aquí Alfa uno -le respondió Leeg desde la nave vecina-. Espero que lleguemos a tiempo…-Aquí Delta dos -dijo Larry con voz temblorosa-. Lo que yo espero es que podamos aterrizar sanos y salvos…Las tres cañoneras pelandesas transportaban miembros de los equipos Delta y Alfa por igual y un escuadrón de soldados cada uno. Si bien Sparks y Leeg sabían pilotar de sobra, Larry solo había llevado cazas individuales y era altamente inexperto. De hecho, su nave iba dando severos bandazos. Lo habían echado a suertes, y a él le había tocado.-Sí que es verdad que va ser difícil aterrizar en este terreno… Porque sabes aterrizar, ¿No, Larry?-Bueno, sí… “aterrizar” significa “dejar de volar”… ¿No?-Este… -comentó Trest, que le había oído- ¡Cabina de pasajeros! ¡Prepárense para el impacto!Y fue muy previsor, Trest. Larry se escoró completamente y golpeó ambas cañoneras en el proceso, logrando que ninguna de ellas aterrizase decentemente. Los dos soldados pelandeses que observaban desde las montañas con prismáticos se quedaron con la boca abierta.-Yo diría que es la caballería… -comentó uno al otro- pero hasta la fecha no he visto ninguna línea de caballos estrellarse en el campo de batalla viniendo del espacio exterior…Todos salieron de las siniestradas naves y lograron detener la pelea, socorrer a Shade y arrestar a Denis y el soldado Nocturnus. Sin embargo, Frylet no se detuvo y siguió derribando soldados pelandeses intentando llegar hasta Shade. Lo fueron acorralando hasta el precipicio, esperando que se rindiera, pero prefirió saltar al vacío antes que ser capturado.Con las cañoneras fuera de uso, tuvieron que volver a pie hasta Koopachópolis. Casi veinte kilómetros. Y durante el transcurso de la marcha, Denis y el conductor Nocturnus lograron escapar, aunque nadie pareció notar que había dos soldados pelandeses de más.

Cuando llegaron a Koopachópolis, a Shade la llevaron al recién reconstruido hospital, a pesar de sus quejas. De todas maneras, sin que nadie lo viera, le alcanzó un trozo de papel con algo escrito a Trest. Cuando lo leyó, se dio cuenta que había sido ella quien había camuflado a los dos Nocturnus como pelandeses y le decía dónde encontrarlos y un par de consejos para colarlos delante de la seguridad pelandesa.Cuando les encontró y les dijo que venía a por ellos, casi se mueren del susto, pero cuando le dijo que estaba ahí para ayudarles, se tranquilizaron un poco. Lo primero que hizo fue cambiarles las ropas de militares por civiles y los acompañó hasta el puesto de seguridad de la entrada a la réplica. Les aconsejó que intentasen que no se notara que estaban mintiendo, pero una nota de Shade dejaba bien claro que Denis era completamente incapaz de ello: se le notaba a la

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lengua cuando mentía, así que Trest tuvo que sacarse del bolsillo una solución de compromiso. Sólo tenía que camuflar la verdad.-Hummm... -murmuró el encargado de la aduana- así que dos pelandeses que encontrasteis en las ruinas de Navivilla, ¿eh? Pues no nos vendrá mal ayuda aquí, en cualquier sentido… ¿Qué sabéis hacer?-Bueno… -dijo el soldado Nocturnus-. Yo sé conducir coches de cualquier tipo.-Pues no vendría mal un par de pilotos de transporte de soldados… ¿Has hecho el servicio militar?-Eeeeh… sí. Pero ya casi no me acuerdo de nada…-Bastará -se dirigió a Denis-. ¿Y tú?-Pues… yo también he hecho el servicio militar, y tras pasar por la academia militar, estuve siete años más en el ejército.-Ah, pues los oficiales veteranos nunca sobran… ¿Especialidad?Denis miró a Trest desesperadamente. <No mientas> decía su mirada.-Este… sargento de infantería especial, teniente de un grupo de aviación de reconocimiento, capitán al mando de la 13ª sección de blindados en combate, especializado en condiciones extremas, mando de emergencia, Cruz de Honor al Combate, Medalla Piloto ACE, titulado en primeros auxilios, tercer grado de combate cuerpo a cuerpo, estudios básicos de ingeniería y especialista con el rifle de francotirador a más de dos kilómetros. Rango de licenciación: comandante táctico.Justo entonces se dio cuenta que se había pasado con la verdad. Aunque no tenía ni idea de las graduaciones pelandesas, había hecho lo posible por adaptarse a la nueva situación.Miró a su alrededor: el encargado le miraba con la boca abierta y el lápiz paralizado en su mano tras un par de borrones, Trest hacía todo lo posible por mantener la cara seria, y todo el mundo les observaba. Definitivamente, se había pasao tres pueblos.

Un día después, en Nueva Nocturnia, un Nocturnus centinela hacía guardia ante la puerta. Abrió un caramelo mientras miraba en su reloj cuanto le quedaba hasta el relevo. Entonces, vislumbró una figura que se acercaba penosamente, arrastrando los pies, hacia las puertas de la ciudad. Se metió el caramelo en la boca, arrojó el envoltorio y agarró su ametralladora, que estaba apoyada en la pared, tratando de deducir si aquella silueta era aliada o enemiga.Cuando vio el uniforme de oficial de la armada Nocturnus, bajó el arma y se adelantó para pedirle la identificación. El militar, calado hasta los huesos y titiritando, alegó haberla perdido, pero repetía una y otra vez que debía hablar con el emperador, Lord Nueve, a toda prisa. El centinela le explicó que debía verificar su identidad, porque ésas eran sus órdenes, o en su defecto, hacer venir a alguien que le conociera. Entonces aquel Nocturnus le miró de una manera que le hizo retroceder, aterrado. Cogió su comunicador e hizo llamar al oficial de servicio más cercano, con la esperanza de que le dijese quién era y pudiese dejarle pasar para que dejara de mirarle de esa manera.Los negros portones se abrieron para dejar paso a un teniente que venía más intrigado que otra cosa. Cuando vio al Nocturnus visitante, encogido de frío y humedad, le ordenó autoritariamente que levantase la cabeza. Ese fuerte tono se le convirtió en un hilillo de voz al ver el gesto del interpelado, y reconocerle. Se puso firme y le arreó un codazo al soldado para que hiciese lo mismo. Luego

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impartió órdenes muy rápido y con voz de pito, diciendo que trajeran ropa limpia y seca para el comandante Frylet y avisasen de inmediato a Lord Nueve que su lugarteniente acababa de volver y quería verle.Cuando por fin logró audiencia con Nueve, Frylet ya se había vestido con una guerrera recién planchada y había recibido disculpas por triplicado por haberle tratado de esa manera. Nueve apenas se giró para hablarle.-¿Y bien? -preguntó- ¿Cómo acabó esa entrevista con la traidora?-Era una trampa de Shade, Lord Nueve. Los pelandeses se nos echaron encima tras una breve refriega y capturaron a Denis y a un soldado Nocturnus que nos acompañaba. Yo logré escapar porque me tiré por un precipicio y caí al mar.-Eso podría poner en grave peligro nuestra información confidencial de cara a los próximos enfrentamientos -reflexionó Nueve-. De todas maneras, hace pocos días recibimos grandes cantidades de información de los pelandeses con su conocimiento, así que tablas. Igualados. Aún así, me sorprende que hayas logrado volver desde Navivilla hasta aquí, Nueva Nocturnia en solo dos días. Hay casi setenta kilómetros y me han dicho que venías a pie…-En realidad, seguí a los pelandeses hasta Koopachópolis de la que venía y me quedé a investigar un par de horas. Le puedo asegurar que a Denis le queda muy bien el uniforme de militar pelandés, con todos los honores y carta de recomendación de Shade incluida.-¡¿QUÉ?! -aulló Nueve.

-¡¿QUÉ?! -aulló Sleek al recibir la noticia- ¿Más Nocturnus aquí?-Lo de Shade ya empieza a ser contagioso -comentó Carlos, divertido-. Me muero de ganas de tener a los Nocturnus insurgentes de nuestro lado…Denis, encogido de miedo, parecía arrepentirse de la graduación de capitán del ejército pelandés que le habían entregado gracias a Shade. El soldado que había venido con él también había ingresado en la armada pelandesa, como recluta, y estaba bajo su jurisdicción. Todo gracias a ella. Por cierto, le había recomendado como capitán, ni más arriba ni más abajo, solo para chinchar a Sleek y ver como explotaba al enterarse. De ahí que estuviese tan sonriente.-Ya ves -intercedió Trest-. Una vez que pasamos los controles de seguridad y pudimos entrar en la ciudad, le llevé a él y al soldado a ver a Shade, la cual les puso al día y les contó los planes ocultos de Nueve. Reaccionaron de una manera muy similar a la de ella cuando se enteró por primera vez y aceptaron ayudarnos.-Espero que hayan valido la pena -comentó Gary-. Tener amigos entre los enemigos siempre es útil. Y hablando de todo un poco… ¿Nunca oísteis eso de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo? Mientras Shade iba a esa entrevista suicida no nos hemos quedados de brazos cruzados. Hemos encontrado nuevos aliados.Pulsó un botón en el panel de control y se materializó un pelandés en el holograma. Todos los presentes se quedaron de piedra, Nocturnus o pelandeses.-Dios… -murmuró Sparks-. Tailor va a explotar cuando llegue.

Tailor atravesaba como un rayo los pasillos que le conducían a Mando, porque en el último momento se había quedado dormido y llegaba tarde. Apartó de un empujón a varios pelandeses en el camino, consciente de que se estaba perdiendo una reunión que ya le habían advertido que iba a ser importante. Pasó

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como una centella junto al último puesto de seguridad casi sin saludar siquiera mientras Gabriel articulaba <No sé si deberías…>.Tan pronto como entró en la habitación se dobló sobre si mismo por el cansancio y soltó una perorata de disculpas por la tardanza.-¡Vaya! -dijo una voz conocida, un pelín distorsionada- ¿Desde cuando llega mi adversario favorito tarde?Tailor se incorporó como movido por un resorte. Había reconocido DEMASIADO BIEN aquella voz. Entre todos los asistentes, que se miraban con expresión culpable, había un holograma. En esa imagen aparecía Steel.Furioso, su primera reacción fue saltar como un loco hacia aquella figura de la persona que más odiaba en el mundo. Shade lo interceptó en pleno vuelo, pero necesitó ayuda de Denis y tres pelandeses más para hacerlo retroceder.-¡¿Qué está haciendo este ser inmundo aquí?! -preguntó, histérico-. O, mejor aún, ¡¿Por qué está hablando con vosotros en Mando?!-¡Calma, Tailor! -le ordenó Carlos-. Steel es ahora un… “aliado” provisional.Pero éste se echó a reír.-¿Cómo dices? -luego volvió a gritar, enfadado- ¡Declaró la Tercera y Cuarta Guerra! ¡Nos ha intentado destruir en numerosas ocasiones! ¡Derribó nuestra nave al volver! ¡Está con los Nocturnus! ¡¡Me dio su palabra de que no haría nada!! ¿Y ahora me venís con que es nuestro aliado? ¡¡Debéis estar tomándome el p***6 pelo!!-Ya, pero… -comenzó Sleek, preocupado por los ojos de loco que mostraba su compañero, aún sujeto por Shade y compañía- digamos que ha cambiado de idea…-Ya -dijo Steel-. Los Nocturnus esos se niegan a compartir conmigo las Joyas Sagradas o algún control sobre Pelandia ante nuestra innegable victoria -Tailor se zafó de la sujeción de algunos de sus guardianes, pero Shade no flaqueó y pudieron sujetarle otra vez-. Así pues, he decidido cambiar las tornas y tocarle las narices a Nueve sin que este se entere -se rió-. He estado ayudando bajo mano a los pelandeses y no he causado ningún daño a los civiles y militares, tras desarmarlos, por supuesto, de las ciudades que he capturado. Cuando menos se lo espere, le voy a meter tal golpe por sorpresa que quedará completamente desestabilizado por unos minutos. Espero que tú, preciosa -dijo dirigiéndose a Shade-. Logres meter a tus compatriotas en esta dimensión cuando Nueve levante la mano de la brecha dimensional, porque habré descubierto mi tapadera y vendrá a por mí, por lo que contar con una flota de Nocturnus rebeldes, junto con la mía y la de los pelandeses, podría no solo salvarme el pellejo, sino además cortarle la risa a tu amiguito… ¿Qué tal?-Buen plan… -admitió Shade-, si todo sale bien. Hay muchas cosas que quedan al azar. Si algo falla, todo se irá al garete.-Ya, pero es mejor tener un plan desesperado que no tener nada, ¿no? -reflexionó Gary, tan filosófico como siempre.-Pues yo prefiero tener siempre un plan de emergencia, un as en la manga, por si algo sale mal, que sé por experiencia que todo lo que pueda salir mal, saldrá mal. Lo único que sale bien es aquello que es seguro al cien por cien que sale bien.-En esta situación, es más bien difícil, bonita -intervino Sleek-, porque no es que Nueve tenga un as en la manga, es que tiene la baraja entera…-Bueno, así trabajamos los Nocturnus… -Shade se encogió de hombros.

6 Censurado por ser una obra para todos los públicos. Se siente…

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Sleek bufó. Gary suspiró. Carlos miró para otro lado. Sin embargo, Nicole se materializó en la habitación diciendo:-Yo estoy de acuerdo con la comandante -opinó-. Si el plan fallase, no serían muchos los aspectos sacrificados y en todo caso Nueve saldría tocado igualmente y podríamos continuar con la guerra de desgaste.-Bueno… -accedió Carlos-. Supongo que tienes razón. Todo sea por traer a nuevos aliados. Los insurgentes Nocturnus ayudarán a equilibrar la balanza, y, si los espías de Nueve no han extendido sus tentáculos hasta las filas de Steel, este golpe por la espalda no se lo esperarán. De todas maneras, veamos el plan de la comandante Shade: ¿Qué tienes en mente?

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CAPÍTULO 4 Los Nuevos Nocturnus

-No sé si esto va a funcionar, comandante… -susurró Denis a Shade-. Si nos piden que nos quitemos los cascos, esto se va a poner muy feo.-Lo harán si te muestras nervioso… ¡Cabeza alta, maldita sea! -le respondió-. Si te muestras inseguro, entonces es cuando sospecharán.Estaban ante las puertas de Torre Nona, un importante enclave Nocturnus, de vital importancia estratégica debido a su posición, que le permitía enviar refuerzos en todas direcciones e increíblemente fácil de defender por su estructura. Los pelandeses habían acordado ya hacía mucho tiempo que atacar a lo loco no servía, y que un ataque desde dentro sería mil veces más efectivo. El problema era que de aquel entonces no tenían Nocturnus en su bando.El plan era el siguiente: los pelandeses habían puesto mano de obra y Steel los materiales. Habían confeccionado un par de uniformes Nocturnus de oficiales de alto rango, siguiendo las instrucciones de Shade, para ella y Denis. También habían modificado un transporte de tropas pelandés hasta hacerlo clavado a un camión Nocturnus, obra de Magín Mago, el cual ya había usado un truco similar en contra de los pelandeses con la invasión de Navivilla, y había funcionado. También venía el soldado que acompañaba a Denis desde la desastrosa cita de Navivilla, que seguía usando su propio uniforme. Un par de droides de Steel hacía a la estrambótica caravana un poco más creíble.El plan era todo, menos sencillo: entrar en la boca del lobo sin levantar sospechas, neutralizar al capitán de la fortaleza SIN MATARLO y hacer volar el sitio con cargas explosivas. Si todo salía bien, un par de batallones pelandeses podrían entrar y capturar a los supervivientes sin derramamiento de sangre. Lo que ya llevaban claro desde el principio era que no iba a ser fácil.Llegaron a la puerta, y Shade se adelantó para aporrearla. Un centinela adormilado asomó desde detrás de la muralla, preguntando el motivo de la visita.-¡Traemos un mensaje de Lord Nueve! -gritó desde debajo, agitando un pergamino- ¡Abrid!-Bueno… -respondió-. Dadme el santo y seña.Denis y Ray (el soldado Nocturnus) se miraron entre sí sin saber qué responder. Hacía semanas que se habría cambiado el último que se sabían y decir ese no ayudaría mucho. Estaban pensando en decir que lo habían olvidado -que no colaría ni de broma- cuando Shade le sacudió una patada a la puerta.-¿¡Prefieres que llame a la puerta con un misil anti-blindado?! -le gritó- ¡No tenemos tiempo para formalidades! ¡Abre de una vez o atente a las consecuencias!El centinela pareció pensárselo. Desapareció detrás de la muralla, y al poco tiempo se abrieron las puertas, mostrando al capitán, que avanzaba sonriente.-¡Saludos! Lamento la espera. Los mensajes de Lord Nueve no deben esperar a una estúpida contraseña. Me presento -inclinó ligeramente la cabeza-: capitán Lionel Kilt.-Comandante Tina -dijo Shade señalándose a sí misma-, capitán Gerard y cabo Dalson -señaló respectivamente a Denis y Ray.

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-¡Genial! -dijo el capitán, frotándose las manos-. Pero no se queden aquí esperando como pasmarotes. En esta zona de Pelandia, las noches son más frías que el invierno en el estéril Zeoh. Pasen a mi despacho, por favor.Los tres espías avanzaron mientras los drones que les acompañaban esperaban firmes en las posiciones en las que habían dejado de recibir órdenes. Shade y Denis pasaron al interior del edificio, mientras que Ray esperó fuera. Cuando cerraron la puerta, se dirigió al Gizoid más cercano para seguir el plan.-¿Cuál es su número, Gizoid? -le preguntó.-45278TQ -enunció-. Tecnit, si al cabo le parece bien.-Bien, Tecnit. El mensaje de Lord Nueve es altamente confidencial y secreto. Quiero que aparte a todo Nocturnus, militar o civil, de esta estructura a un radio de más de cinco metros. Después, retroceda a esa misma distancia. Yo asumiré la guardia del edificio. ¿Entendido?-Si, cabo. Salve Nocturnia.-Salve -Ray hizo un vago saludo militar y el Gizoid fue apartando a los curiosos.<Por favor, no tardéis demasiado> pensó Ray, nervioso.

En el interior de la cabaña, cómodamente más caliente, tomaron asiento Denis y Lionel, mientras que Shade se quedaba de pie, mirando por la ventana. Cuando vio que el recluta Nocturnus había cumplido su trabajo, asintió levemente hacia Denis, el cual sacó el sobre de la chaqueta. Lo dejó sobre la mesa, pero cuando Lionel extendió la mano, le detuvo a medio camino.-Este mensaje es confidencial. No querríamos que algún curioso lo vea, ¿verdad? -dijo Denis- ¿Le importaría mucho si bajásemos las persianas?-No, claro -accedió el capitán, que se dio la vuelta para cerrarlas, pero Shade, tan silenciosa como siempre, ya lo había hecho.Lionel abrió el sobre y echó una ojeada por encima. Se trataba de unos planos de Koopachópolis -falsos, por supuesto- y un plan de ataque a gran escala inventado. Afortunadamente, tanto Shade como Denis, en calidad de lugartenientes del emperador, habían usado mucho el sello de Nueve y habían logrado falsificar de manera sobresaliente el lacre.-Hummm... -murmuró Lionel-. Parece que por fin podemos quitarnos de encima a esos molestos pelandeses sin demasiado coste. Lo del escudo fue un gran problema, pero ya está solucionado -dejó el documento sobre la mesa-. La verdad, si les soy sincero, no me esperaba tanta tenacidad y astucia de unos enemigos tan arcaicos. Supongo que la traidora les habrá enseñado un par de trucos a esos estúpidos… -se rió y Denis se vio obligado a acompañarle, pero cuando Lionel vio que Shade no se reía, se calló por respeto-. Bueno, ¿quién quiere celebrarlo? Conseguí escamotear una botella de Burdeax Voxai, cosecha del 2373, cuando vine de Nueva Nocturnia.-Ah, gracias -murmuró Denis-. Sírveme dos copas, por favor.-¿Dos? -dijo el capitán, divertido- ¿Se lo va a beber todo, Gerard?-No. Esta pequeña es para Dalson, que lleva todo el rato fuera. Voy a llevársela…Denis se levantó para dirigirse a la puerta.-Buen chico, este Gerard, capitán -dijo Shade, al tiempo que señalaba a Denis. Cuando Lionel desvió la mirada hacia donde señalaba, Shade dejó caer una diminuta pastilla en la copa del capitán, que se disolvió enseguida-. Creo que podría llegar muy alto.-No lo dudo -dijo éste entre dientes-. ¿Usted no toma, comandante…?

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-Una granada de fragmentación pelandesa me desgarró media cara en un manzana de Koopachópolis. Como comprenderá, no tengo muchas ganas de quitarme el casco. Cuando me vaya de aquí, me iré directa a Nueva Nocturnia, a ver si me lo arreglan con cirugía…-Lo lamento, comandante…-Tina, por favor.-Pues eso, Tina. Espero que los médicos de Nocturnia hagan una vez más uno de sus milagros… -Lionel se llevó la copa a los labios.Fue beber un sorbo y dejar inmediatamente la consumición en la mesa. Parecía mareado. Iba a decir algo más, pero cayó al suelo, dormido.Shade se quitó el casco y miró al capitán.-Como verás, Lionel, a la traidora todavía le sirven algunos trucos…

Fuera, Ray se congelaba de frío. Entonces, la puerta se abrió y Denis asomó de ella. Le alargó la copa y le dijo en bajo: <Empieza el espectáculo…>. El recluta Nocturnus se bebió el contenido rápidamente y pasó dentro. Escondieron a Lionel dentro de un cofre para no dar la alarma antes de tiempo. El uso de la psicología en labores de espionaje es fundamental: un enemigo al cual se le afecta una acción sorpresa queda desconcertado por unos instantes. Una reacción en cadena de acontecimientos inesperados pueden incluso llegar a bloquearle la mente unos segundos. Sin embargo, una vez se calme, actuará en consecuencia, manteniendo un estado de alerta que puede ser problemático.La siguiente fase del plan era la siguiente: Denis se encargaría de desactivar las comunicaciones, pero seguiría emitiendo una señal de despejado hacia Nueva Nocturnia para no atraer al ejército Nocturnus. Shade, por su parte, colocaría explosivos por doquier. A la señal convenida, Ray daría la alarma de la manera más teatral posible al fingir que había encontrado a Lionel inconsciente. Acto seguido, la detonación de sucesivas cargas explosivas confundiría a los Nocturnus. Para postre, Denis emitiría un ruido blanco desde la torre de comunicaciones que dejaría medio sordos a los Nocturnus militares, pues todos tienen un transmisor en el casco. Aprovechando la confusión, los pelandeses irrumpirían en la base y la capturarían sin muchos problemas.Shade y Denis abandonaron la sala por una ventana trasera para evitar que los viesen los Nocturnus que, aunque apartados, seguían pudiendo verlos si salían por delante. Denis se quitó el uniforme a toda prisa para revelar uno similar que llevaba debajo, de similar graduación al anterior, pero de comunicaciones y con otro nombre. Shade continuó con el suyo.Dieron media vuelta a una esquina… y se toparon con Tecnit, el Gizoid al que Ray le había pedido que limpiara la zona.-Creí haber dicho que no quería a nadie merodeando por aquí… -comenzó.-¿No me reconoce, Gizoid? -le interrumpió Shade con pies de plomo-. Soy la comandante Tina, la que estaba reunida con el capitán Lionel, y acabo de salir de la cabaña. Tengo que ir a dar un comunicado por radio y este soldado me acompaña bajo mi autorización. ¿Algún problema?-Absolutamente ninguno, comandante. La torre de comunicaciones está todo recto, tras el barracón 7.-Bien. Siga con las órdenes establecidas. No queremos que ningún curioso moleste al capitán, ¿entendido?-Por supuesto, comandante. Que tenga un buen día.

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Dejaron atrás al Gizoid, que siguió patrullando, mientras que Denis se secó el sudor de la frente.-Eso ha estado más cerca de lo que me habría gustado…-Te quejas de vicio. Hacía tiempo que no tiraba de rango.-¿Y te ha gustado?-Me ha encantado.-Por cierto… ¿soldado? Te recuerdo que interpreto a un capitán.-¿Tienes algún problema con ello?-Sí, que mi uniforme así lo indica y otra coladura como esta puede hacer que algún Nocturnus espabilado se de cuenta de que finges…-No me seas remilgado. Soy comandante. Pareceré prepotente, como el ochenta por ciento de los oficiales Nocturnus. Y si nos dejamos este diálogo de besugos, mucho mejor. Ahí está la torre de comunicaciones. Haz lo tuyo.Denis siguió andando para entrar en la torre, mientras que Shade daba media vuelta.Le llevó poco tiempo llegar hasta la muralla defensiva, una gigantesca estructura muy resistente capaz de resistir el embiste de una fragata pelandesa sin vacilar. Pero tenía un grave problema: no era igual de maciza por dentro. Shade extrajo de su mochilla un rollo de cartelones, que se puso a pegar a lo largo y ancho de la muralla. Esos cartelones, que tenían la apariencia de un comunicado de Nueva Nocturnia acerca de los horarios de las rondas, tenían por detrás un explosivo plástico pegado al papel y lo suficiente plano como para que no se notase demasiado al pegarlo en una pared. No tuvo muchos problemas para pegarlos hasta completar toda la zona de la muralla que le interesaba; ya que los soldados que la veían pegándolos se limitaban a leerlos y comentarlos. Lo máximo que ocurrió fue que se le acercó un oficial, enfadado, preguntando por qué no se le había notificado antes, a lo cual ella contestaba con un <Se te está comunicando ahora, zopenco. ¿No sabes leer?>, lo cual arrancó las carcajadas de un grupo de tenientes que pasaba al lado, y se aseguró que el oficial no se atreviese a contestar, al ser de rango inferior.Tan pronto como terminó, fingió mirar la hora en su reloj, pero lo que hizo en realidad fue disparar un pequeño dardo7 hacia la cabaña del capitán, completamente indetectable.

Ray estaba tan concentrado repasando el plan, que casi se pierde el dardo de aviso, pero lo vio clavarse en la pared, junto a la ventana, y supo que había llegado la hora. Solo esperaba no fastidiarla en el último momento. No sería capaz de aguantar otra reprimenda de Shade.Abrió una ventana en la dirección contraria a la que habían salido Shade y Denis, para simular la escapada de los fugitivos. Colocó una granada de humo en la mesa, para tenerla lista, y cogió su ametralladora de la espalda y sacó la pistola de la funda del cinturón. Comprobó que todo estaba cargado y listo. Respiró hondo, y comenzó la función.Le quitó el seguro a la granada de humo, y la lanzó tras la mesa para no comerse directamente la humareda. Antes de que detonase, disparó al aire varios tiros, y después soltó una ráfaga de ametralladora para simular una respuesta, procurando armar todo el jaleo posible. Tras eso, corrió hacia la ventana que daba al patio, y saltó por ella, rompiendo los cristales, y cayó al suelo como si

7 Shade lleva un pequeño lanza-dardos oculto en su reloj de pulsera. Ver el capítulo 1.

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hubiera sido lanzado brutalmente. Justo entonces explotó la granada y las estancias se llenaron de humo para que los Nocturnus que venían en su ayuda no viesen que en realidad no había nadie más en la habitación.-¡¿Qué ha ocurrido, cabo?! -le gritó el primer soldado que llegó, agazapándose a su lado.-La… la traidora -balbuceó Ray, simulando estar aturdido-. La comandante Tina… ¡Es Shade! ¡Ha aturdido al capitán y huido por la ventana con documentos secretos! ¡Atrapadla, es una orden!-S… ¡Sí, señor! -acertó a decir el recluta. Entraron en la habitación derribando la puerta, encontraron a Lionel inconsciente, y vieron la ventana abierta, por la cual salieron, persiguiendo a una supuesta Shade, que se había ido en dirección contraria.

En la dirección opuesta a la que habían salido los perseguidores, a cien metros, agazapada tras una pared, Shade veía como se desarrollaban los acontecimientos. El soldado había hecho bien su trabajo. Ahora le tocaba rematar el suyo. Se quitó la mochila y extrajo de ella uno de los mini-tanques explosivos de los que le había hablado Carlos, que le había dado Sleek en un ataque de generosidad. Shade suplicó por lo bajo que no le hubiera dado un resto de serie defectuoso. Lo dejó en el suelo, tiró de la palanca, y el tanque empezó a andar en dirección a uno de los carteles falsos que había puesto Shade. Eran tan finos que no había dado ni para poner un detonador. Pero eso lo iba a arreglar el mini-tanque en unos segundos.

Dos soldados Nocturnus estaban de pie, mirando el jaleo que montaban los demás, buscando a una inexistente Shade.-Menudo jolgorio que se ha montado en un momento, ¿eh? -dijo uno.-Y que lo digas -le respondió el otro-. Yo no sé por qué se molestan siquiera. Si la comandante Shade es la mitad de buena de lo que he oído, a estas alturas ya estará en Koopachópolis, o quizás de vuelta a la Celda…-Déjalos. Ya se darán cuenta. Vamos a ver si conseguimos algo para comer, que ya es hora…Se dieron la vuelta, y justo entonces pasó el mini-tanque por delante de ellos.-¡Mira eso! ¡Un tanquecito a cuerda! ¿Qué será?-Puede que sea un juguete de algún cadete de la AMIJUN8. Ni caso, oye.-No sé, me resulta gracioso. Recuerdo que yo tenía uno así. Igual está todavía en mi taquilla. Aunque el mío era negro…-TODOS nuestros tanques son de negro azabache. ¿Por qué lo dices?-Porque este es verde…-¿Verde? ¡Solo los tanques pelandeses son verdes! ¡Y la última excursión de la AMIJUN aquí fue hace dos meses! Con que en Koopachópolis, ¿eh? ¡La puñetera Shade está aquí! ¡¡Hay que detener ese trasto antes de que…!!Demasiado tarde. El mini-tanque tocó la pared, justo debajo del cartelón, y explotó, mandando por los aires a los dos soldados. La explosión se encadenó con el resto de los cartelones-trampa y acabó volando gran parte de la muralla.

Desde la torre de comunicaciones, Denis, que estaba apoyado en una pared, fingiendo que solo estaba inspeccionando el buen funcionamiento del centro, se

8 Academia Militar Juvenil Nocturnus. Ver anexo de personajes.

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adelantó aprovechando la confusión de los técnicos y pulsó un botón negro del tablero, y el hecho de que los Nocturnus de allí se llevaran las manos a los oídos, donde estaban sus cascos, ya le confirmó que al noventa por ciento de la base le estaría pasando lo mismo. Salió de la torre antes de que le pudieran acusar de nada, y vio por doquier a soldados a los que les estaba pasando lo mismo. No tuvo tiempo de congratularse. Del cielo empezaron a caer botellines de metal, cuyo significado no entendió Denis hasta ver la bandera pelandesa en ellos. Pero justo entonces explotaron todos a la vez, provocando una humareda blanca que lo cegó todo y le hizo encogerse sobre sí mismo, porque le escocían los ojos. ¡Gas lacrimógeno! Le pareció oír botas militares desfilar en todas direcciones, y entre lágrimas vio varias siluetas moverse entre los Nocturnus que estaban tirados en el suelo. Para cuando quiso levantarse para irse de allí, se topó con el cañón de un arma automática que le apuntaba. Lo sujetaba un militar pelandés con máscara de gas, como los que había corriendo en todas direcciones.-Quédate donde estás, Nocturnus -le dijo.Aunque distorsionada por la máscara, la voz era inconfundible. A pesar de no poder ver casi nada, pudo identificar los galones de su interlocutor.-¡Sleek! -le respondió, entre toses- ¡Menos mal! ¡Soy Denis, el compañero de Shade! ¿Se acuerda?Le llevó un rato reconocerle, pero para cuando lo hizo, apartó la ametralladora e hizo un gesto para que le siguiera. Un soldado pelandés le alcanzó una máscara para el gas, y gracias a ella, pudo empezar a distinguir algo entre la humareda blanca: los pelandeses iban de un lado a otro, arrestando a todos los Nocturnus que veían en los suelos, todos ellos con máscaras de gas. Pudo distinguir camiones celulares a los que arrastraban a los prisioneros, y varios blindados pelandeses que patrullaban la zona. Definitivamente, los pelandeses se iban a llevar un buen banquete con esto. Alcanzó a ver un par de siluetas en el fondo que se les acercaban. Eran Shade y Ray, con un par de soldados escoltándoles. El recluta saludó a su comandante, pero ella fue de cabeza a por Sleek.-Capitán, ¿podría prestarme una veintena de soldados?-Poder, puedo, si quiero. ¿Para qué?-¿Ve eso? -señaló a algo detrás de ellos. A través de la niebla podía verse un gigantesco cañón planetario9 Nocturnus-. Quiero usarlo contra Nueve.-Para eso bastarían cinco, o menos -alegó Sleek, molesto-. Si quieres divertirte derribando naves Nocturnus, no necesitas tantos pelandeses.-No quiero derribar nada que vuele, capitán. Voy a apuntar hacia otro sitio. Por eso necesito tantas personas. Hay que bajar mucho el cañón y triangular muy bien la posición del objetivo.Les señaló otro punto a lo lejos. Sleek tuvo que pensar un rato, porque la humareda no dejaba ver bien a donde se refería, pero para cuando dedujo a donde señalaba, se le escapó una sonrisa.-¿Laverdule? -le preguntó al soldado que estaba a su lado.-¿Sí, capitán?-Dígale a la 4ª brigada de infantería que vayan con la comandante Shade. Esto puede ser muy, pero que muy bueno.

9 Estas enormes baterías de combate están diseñadas para derribar cruceros y bases volantes, así están fuera de la estratosfera. Pueden alcanzar incluso otros planetas. De ahí su nombre.

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Nueva Nocturnia. Nueve se repantigaba en su trono, examinando un mapa holográfico que mostraba Pelandia y la posición de todas las tropas aliadas y enemigas. Los generales Nocturnus aguardaban, expectantes y en silencio, a que el emperador terminara de reflexionar. Todos eran conscientes que podían acabar la guerra de un plumazo, si lo hacían bien. Un solo fallo, y sus rivales les sacarían la delantera. Con la ayuda de la traidora, los pelandeses habían pasado de ratones acorralados y desesperados a leones tozudos y muy cabreados que pelaban por salir. Habían pecado de confiados y, como no lo resolviesen enseguida, la guerra podría alargarse mucho.-Bien, creo que… -empezó Nueve.Los portones de la sala del trono se abrieron de golpe y un soldado Nocturnus entró a toda mecha, tropezando con la alfombra y levantándose torpemente. Nueve bufó. ¿Y ahora qué?-Te lo advierto: ya puede ser importante.-Tenemos un grave problema, Lord Nueve -se dirigió al balcón y le hizo gestos para que se apresurara-. Venga a ver esto.Nueve se levantó y le siguió de mala gana. Los oficiales hicieron lo mismo. A lo lejos se veía Torre Nona, de la que salía varias columnas de humo blanco.-¿Qué es lo que ocurre en la fortaleza, soldado? -preguntó Nueve.-Un ataque pelandés, con ayuda desde dentro. Han barrido a la guarnición de Torre Nona y se han apoderado de las instalaciones.-¿Se ha considerado un contraataque? -se adelantó un general.-Considerado y descartado, señor. El cañón planetario de la fortaleza es demasiado potente, y la estructura de la base permite defenderla con gran facilidad. Se podría intentar, con posibilidades de éxito, pero las pérdidas serían terribles.-Hablando del cañón… parece que se está moviendo -comentó un oficial.Todos centraron su atención sobre la estructura. Estaba girando sobre sí mismo, variando su posición.-¿A qué apunta? -preguntó alguien.-Parece que hacia esta zona… Hay que avisar a las naves que aterricen para evitar que les dispare.-Pero, tal y como está… ¡Está apuntando hacia este mismo balcón!-¿¡Centro de defensa!? -dijo un general a un comunicador- ¡¡Suban los escudos de la ciudad!! ¡¡Del palacio!! ¡¡Aprisa!!A lo lejos retumbó un cañonazo y una luz los cegó a todos. Consciente de que solo tenía unos segundos, Nueve alzó una barrera mágica a su alrededor usando el poder del Bastón Celestial. No fue capaz de cerrarla del todo. Una gigantesca explosión barrió la sala del trono, e hizo saltar a los emperador por los aires. Cayó sobre un suelo carbonizado, y el Bastón se le escapó de las manos. Al menos, la barrera había amortiguado el golpe, pero sus generales caían como muñecos rotos por doquier, y algunos corrían en círculos, envueltos en llamas. Incluso los que habían tenido la suerte de estar detrás de él y de su barrera parecían estar hechos polvo.Una serie de Nocturnus del cuerpo de seguridad entraron con mangueras y extintores, para apagar los incendios, y prestar asistencia a los heridos, aunque no se podía hacer ya nada por muchos de ellos.Un segundo disparo atronador surcó el aire, pero los escudos ya habían sido alzados y el proyectil se estrelló contra ellos. Nueve, hirviendo de rabia, recogió

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su Bastón, y se dio cuenta de que había dejado de brillar. No tuvo tiempo ni de deducir lo que significaba, cuando un soldado con un holograma portátil llamó su atención, indicándole que algo le estaba pasando a la grieta dimensional. Era como si se estuviese haciendo más grande.Nueve lanzó un rugido más aterrador que el del propio cañón planetario.

Shade, desde el cañón planetario, sabía que era inútil pegar un tercer disparo. El segundo ya había fallado y la flota Nocturnus se había replegado fuera de su alcance. A pesar de ello, un soldado con un catalejo le informó que le habían dado en la cara a Nueve y a toda su plana mayor, que estaban en un balcón del palacio. Las carcajadas y bromas surgieron por doquier entre el equipo de pelandeses que manejaban el cañón planetario. Pero lo mejor fue cuando se le acercó Laverdule con un teléfono móvil, diciendo que Trest estaba al otro lado de la línea.-¡Esto está funcionando, Shade! -le dijo- ¡La explosión ha confundido tanto a Nueve que ha dejado de influir sobre la brecha dimensional! Tengo las Joyas Sagradas trabajando a toda potencia aquí, y aunque ya se empieza a sentir a Nueve intentando pararlo, aún lograré abrirla un poco más. ¡Ya tenemos suficiente como para que puedan pasar naves por ella! En Mando están como unas castañuelas.-Genial, Trest. Volveré para allá en cuando pueda.Y para cuando llegó a Koopachópolis, tras haber asegurado Torre Nona, vio que estaba bajo ataque de las tropas de Steel. Le aseguraron que solo se trataba de hacer ruido, porque les habían soplado que Nueve se había puesto en contacto con Steel poco después de la explosión para decirle que soltase todo lo que tuviera sobre los pelandeses -lo que confirmaba que éste seguía vivo, lástima- y que no dejase títere con cabeza. Y también que preparase toda la artillería que hubiese disponible, y más, para recibir naves que pudieran venir de la brecha dimensional. Steel les había dicho que sus droides tenían órdenes de fallar los disparos, al igual que los soldados pelandeses, alegando después que sin las tropas Nocturnus no era capaz de enfrentarse a todos los pelandeses juntos, y para cuando llegasen los Aliados… bueno, por aquel entonces, ya se quitaría la máscara y Nueve descubriría que le habían estado tomando el pelo.Habían montado una lanzadera que imitaba al Cyclone con toda precisión, con la diferencia de que era más grande y muchos de los problemas de la lanzadera inicial habían sido solucionados. La bandera pelandesa estaba dibujado en un lateral, junto con el escudo del ejército, ASP y otros organismos de importancia pelandeses. Habían dejado un hueco libre de una forma similar al de una bandera para incluir algo que les permitiera ser reconocidos por los semipelandeses. Sparks se ofreció a dibujar la bandera de los Aliados contra Nueve, que era una estrella en un fondo rojo y azul, de la que salían cuatro puntas, de diferentes colores, para representar las cuatro razas. Shade quedó satisfecha con el resultado, y se ofreció voluntaria para la delegación. Con ella fueron Taylor, Riu, Sparks y un pequeño escuadrón de soldados. El resto se quedó, alegando cada cual una excusa diferente, como la aversión de Leeg por los N’argal o la persistencia de Trest por mantener el portal abierto.

El viaje transcurrió sin muchos incidentes. Aunque el escudo de Koopachópolis seguía activado, la flota Nocturnus se había retirado a terreno aliado tras que los

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pelandeses tomaran posesión de Torre Nona y su cañón planetario. Obviamente, al pasar sobre el territorio controlado por Steel, recibieron fuego antiaéreo que esquivaron sin mucho entusiasmo, pues sabían que tiraban a fallar. De lejos, podía parecer hasta convincente, pero como hubiera algún Nocturnus en Station Square, no tardaría en sumar dos y dos y deducir que Steel quería que los rebeldes llegaran a Pelandia. Debían darse prisa, pues.El salto al hiperespacio se realizó con normalidad, y para cuando llegaron a la Celda del Crepúsculo, muchos pelandeses preguntaron si no habían salido del planeta, pues la dimensión tenía un cierto parecido al espacio. Se callaron al ver las enanas blancas orbitando alrededor de algunos planetoides, cosa imposible en su dimensión. Se dirigieron de cabeza a la antigua ciudadela de Nocturnia, aún en ruinas, aunque se veían ya núcleos de población aquí y allá. Antes de aterrizar, Riu se dirigió a los nuevos visitantes, diciéndoles que no se asustaran al ver a los semipelandeses, por muy… extraños que fueran.Al aterrizar, la delegación salió de la nave, y se dirigió hacia los representantes que les esperaban frente a ellos, pues la mayoría de los líderes de las razas se encontraban en sus planetoides. Los soldados alzaron una bandera pelandesa, junto con una de los Aliados, con la intención de quedar mejor, pero se les cayó al ver a quienes les observaban.Nocturnus. Muchos Nocturnus.-¡Objetivos múltiples! -gritó un oficial- ¡Posiciones defensivas alrededor de la nave! ¡Preparaos para abrir fue…!-¡Armas abajo, soldados! -les respondió Taylor-. Estos Nocturnus son insurgentes, aliados contra Nueve.-Eeeeeh… sí, capitán -acertó a decir el pelandés.Sin embargo, la mirada de la mayoría de los soldados se había redirigido hacia los semipelandeses, hasta la fecha desconocidos para ellos. Los Kron y los Zoah casi doblaban el tamaño del más alto del escuadrón, los Voxai perdían el interés por ellos al ver que eran exomentes muy simples, y los N’Argal, como siempre, iban a su bola.Solo hicieron falta dos minutos y medio para que Morgan se presentase ante la delegación, a todo correr, para informarles de que por una vez la distorsión temporal entre dimensiones no había hecho de las suyas y que los dos meses de estancia en Pelandia solo habían sido tres meses y un par de semanas en la Celda. También informó a Shade, muy orgulloso, que habían logrado reconstruir la flota aliada hasta volver a las trescientas naves iniciales, a las que se sumaban ciento veinte de los Nuevos Nocturnus, recién construidas.-¿Los Nuevos Nocturnus? -preguntó Shade, aguantándose la risa- ¿Se te ha ocurrido a ti solo?-Sí -dijo Morgan, muy satisfecho consigo mismo-. Hasta hemos variado nuestros uniformes y naves hasta imitar sus tonos violeta, comandante, para distinguirnos de los Nocturnus de Nueve, que van de azul.-Ya… Morgan, ¿Habías nacido para cuando Nueve subió al poder? -preguntó Shade con una sonrisa.-Eeeeh… creo recordar que solo era un niño. ¿Hay algo que deba recordar?-Sí: por aquel entonces, el emperador Octento (para seguir con la tradición de nombre relacionados con el número de emperadores existentes) era el que gobernaba. Yo tenía diecinueve años y era ya la mano derecha del futuro Nueve. El golpe de estado que dimos contra Octento ha sido ya borrado de los libros de

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historia, como mucho se menciona de refilón. El grupo insurgente que el emperador perseguía en un vano intento de detener un inminente cambio de dirigente recibió el nombre de Nuevos Nocturnus, que con el tiempo se cambió por inercia a Nocturnus otra vez. Y el uniforme de los rebeldes adquirió tonos azulados para distinguirse de los leales a Octento, que iban de verde. Tanto lo del nombre como lo del uniforme fueron ideas mías. Más tarde yo misma cambié mis colores por el negro y violeta para que me distinguieran.-¡Oh, fatalidad! -saltó Morgan, dándose un tortazo en la cara-. Vamos a tener que rehacerlo todo…-No podías saberlo… como tampoco lo saben el noventa y nueve de los Nuevos “nuevos” Nocturnus. Dejémoslo así.-La historia se repite… -comentó Taylor, divertido.A Shade le encantó que alguien más que los Nocturnus se interesara por su historia. Pero le molestó bastante que el resto de los pelandeses estuvieran a por uvas, distraídos con los semipelandeses.-¿Y así de esmirriados son los soldados de Pelandia? -comentaba un Zoah- ¡No me extraña que vayan perdiendo contra los Nocturnus! Son iguales en aspecto, pero en cuanto a presencia, no imponen nada…-Bueno, aún aguantamos -respondió un pelandés, herido en su orgullo-. Es que somos muchos. La unión hace la fuerza, ¿no?Shade los dio por imposibles y le pidió a Morgan que les mandase un mensaje a los dirigentes de las demás razas.

Solo habían hecho falta dos días para ponerlo todo a punto. Kron, N’Argal, Zoah, Voxai y Nuevos Nocturnus estaban preparados para salir de la Celda del Crepúsculo de una vez por todas. De momento, el efecto dependiente de la dimensión hacía que tuviesen que usar la mitad de la energía total de su flota en mantener unas burbujas dimensionales10 que les permitiesen estar fuera de la Celda. Para destruir la dimensión al completo era necesaria una fuerza masiva y mucha mano con la magia de sus creadores, los Maurders. Traduciendo: era necesario el Bastón Celestial y las Siete Joyas Sagradas, el primero en posesión de Nueve. Los planetoides habían sido literalmente desmontados pieza a pieza y cargados en las naves, para poder establecerse fuera de la dimensión maldita. Todos eran conscientes que en cuanto se asomasen por Pelandia, Nueve no se iba a quedar quieto. Iba a soltar todo lo que tuviera y más para evitar que su grandioso plan se viera reducido a cenizas. Tenían que estar preparados para ello.De camino a la brecha dimensional que comunicaba con Pelandia, Sparks estableció contacto con los líderes de las razas, en sus correspondientes naves.-Bien, una vez lleguemos, recibiremos nada más salir un fuego antiaéreo de mentira, que solo tiene la intención de guardar las apariencias de un falso aliado de Nueve. Una vez pasemos la zona de “peligro”, nos dirigiremos a Koopachópolis, capital pelandesa. Desgraciadamente, los hangares de la ciudad no dan para tanta nave, pero los ingenieros pelandeses han aplanado una amplia zona en los exteriores de la metrópoli para aterrizar ahora que es seguro establecerse fuera del escudo protector gracias a la protección que nos brinda el cañón plantario de Torre Nona.

10 Ver el volumen II, Nocturnia.

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-Así que -intervino Riu, de buen humor-. ¡Allá vamos! ¡Enderecen los asientos, abróchense los cinturones y no fumen! ¡Y, sobre todo, no os distraigáis tanto con el Sol, a ser posible! ¡Buena suerte a todo el mundo!Las naves fueron desapareciendo, de una en una, dando destellos al fundirse con la brecha dimensional.

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CAPÍTULO 5 Preparativos

La recepción que recibieron los semipelandeses al llegar a Koopachópolis fue absolutamente memorable. Fue una lástima que nadie lo grabara, pero los presentes lo recordarían para siempre, aunque con diferentes opiniones al respecto.Efectivamente, al llegar a Pelandia, las baterías AA de Steel llenaron el cielo de humo y explosiones. Las descargas de artillería fueron más precisas y dañinas de lo esperado, y el que la mayoría de las naves iban medio a la deriva debido a la momentánea distracción de los pilotos semipelandeses ante el Sol no ayudó a mejorar mucho las cosas. Horas más tarde recibieron una comunicación pirata de Magín Mago, lugarteniente de Steel, pidiendo disculpas por los daños causados, alegando que una delegación de Nocturnus se hallaba en Station Square para diseñar una estrategia para cuando llegaran los semipelandeses, y había que guardar las apariencias. De todas formas, no se derribó ninguna nave, y según les informó Steel más tarde, ninguno de los Nocturnus regresó nunca a Nocturnia tampoco.Pero lo mejor fue al llegar a la capital, porque los pelandeses siempre fueron amantes de las grandes recepciones. La flota pelandesa desplegó un par de cruceros que hicieron de escolta de honor para los recién llegados y se lanzaron salvas por doquier, inicialmente interpretado por más fuego antiaéreo por los habitantes de la Celda del Crepúsculo, lo cual provocó sonoras carcajadas en los tripulantes del Cyclone. Al aterrizar en el lugar convenido, los líderes de las razas se encontraron con un pasillo de soldados pelandeses de gala, ametralladora en mano y espada en alto, pues no en vano ellos eran los que les iban a salvar definitivamente de la amenaza Nocturnus. Solo faltó la alfombra roja. Al final del pasillo estaba un comité de bienvenida, organizado por la plana mayor pelandesa presente en Koopachópolis. Entre ellos estaban Carlos, Sleek, Gary, Denis, los miembros del Alfa y Delta que no se habían ido con la delegación y otras autoridades pelandesas. Al frente, con una media sonrisa, estaba Cinta Mellow, actual presidenta de la República Pelandesa. Si Shade no recordaba mal, ella estaba a menudo en Mando, pero solía sentarse en la esquina de la mesa, observando sin mediar palabra.Delante de los semipelandeses avanzaban con los líderes caminando delante: Krocktenn; la reina N’Argal; Raxoss; Rylel, como siempre, con Aysén detrás; y Morgan, con Shade a su lado. Ésta pudo observar la confusión de la delegación pelandesa, no muy segura de a quién dirigirse entre tantos semipelandeses. Shade articuló con los labios “estos son los jefes”, señalando a los cuatro notables. Carlos cogió el mensaje al vuelo y se lo susurró a Cinta al oído. Cuando estuvieron a su altura, la presidenta extendió el brazo para saludar.-Sed bienvenidos a Pelandia, amigos -inició, con una sonrisa-. Soy...-Sí, gracias -interrumpió Raxoss, tan directo como siempre-. Agradecemos la bienvenida, un bonito recibimiento y todo eso, pero, como espero comprenderás, tenemos mucha prisa. Si fueras tan amable como para llevarnos ante quién manda aquí…En ese momento, cada cual reaccionó a su manera: Carlos hizo como si no hubiera oído nada, Gary intentó mirar para otro lado, Sleek se enfureció, Shade

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intentó aguantar la compostura como fue posible, mientras que otras personalidades pelandesas se reían sin disimulo, sobre todo las de la oposición. En medio de todo esto, Cinta no sabía si debía avergonzarse o enfadarse. Y es que su presencia no ayudaba nada: era pequeña, con gafas grandes y redondas, pelo rubio recogido en una coleta e sorprendentemente joven para su cargo. Los semipelandeses estaban acostumbrados a que, con la posible excepción de Rylel, la apariencia y carisma de un líder es lo que le hace ser elegido.Pasaron unos confusos segundos hasta que Shade, consciente que algunos militares pelandeses, entre ellos Sleek, estaban a punto de explotar por aquella falta de respeto; se adelantó carraspeando para centrar la atención sobre ella.-Este… Raxoss. Todos vosotros -dijo dirigiéndose a los Aliados-. La que os ha hablado es Cinta Mellow, presidenta de la República Pelandesa. El tope del escalafón, ¿comprendéis? No llegó ahí por nada. Y aunque no imponga, os aseguro que ELLA es la que manda aquí -y añadió, bajando la voz-. Os aconsejaría que os disculparais.-Este… -Rylel dio un paso adelante. Quizás se consideraba el más adecuado para tratar con Cinta porque también era bastante pequeño, en comparación con los demás-. Le pido disculpas en nombre de mis… compañeros por su falta de conocimiento de su posición. De verdad que le agradecemos el despliegue de medios, pero es verdad que tenemos prisa, porque cada instante fuera de la Celda es una puñalada a nuestras reservas de energía. Necesitamos acabar con Nueve lo antes posible para que la Nocturnus pueda usar el Bastón Celestial para deshacerse del efecto dependiente de nuestra dimensión. Bueno -se giró y miró hacia detrás-, ¿me he dejado algo en el tintero?Morgan juntó sus dos manos y las sacudió.-¡Ah! Claro -extendió su mano-. Rylel. Actual líder de los Voxai.-Yo soy Krocktenn, delegado de los Kron.-Raxoss, general Zeoh -bufó.-Yo no tengo nombre -dijo la reina N’Argal-. Como ningún otro de mi raza, pero digamos que soy la monarca de N’Agallen.-Y yo me llamo Morgan, segundo al mando de los Nuevos Nocturnus. Supongo que a mi comandante ya la conocéis, ¿no?-Yo creo que ya no necesito presentación -comentó Cinta, estrechándole la mano a Rylel-. Shade ya lo ha hecho por mí. Al resto ya los conoceréis dentro, que aquí somos un blanco delicioso para cualquier misil Nocturnus. Demasiados peces gordos juntos.Y entraron dentro, hablando animadamente entre ellos. Carlos charlaba tácticas militares con Raxoss, Gary parecía muy interesado en la composición química de los N’Argal, Cinta intercambiaba opiniones con Aysén acerca del yugo de las Mentes Supremas; y Sleek mantenía un fría conversación con Morgan a pesar de la poca gracia que le hacían los Nocturnus, por Nuevos que fueran, cosa que el teniente había cazado al vuelo. El grupo, mientras tanto, se entretenía viendo las reacciones de los pelandeses con los que se cruzaban, no acostumbrados a ver tantas rarezas juntas, e iban dejando tras suyo un reguero de pelandeses con un pasmo, aturdidos o desmayados. Larry, con su habitual humor negro, hizo una maliciosa previsión del gasto de Agua de Azahar para antes de que acabase el día.

Agua de Azahar es lo que realmente le hubiera hecho falta a Nueve cuando un tembloroso Nocturnus le informó de que los subpelandeses habían llegado a

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Pelandia sin problemas, estaban reunidos en Koopachópolis con la plana mayor pelandesa, Steel había llamado cuatro veces pidiendo instrucciones, y los últimos informes garantizaban que la flota combinada de pelandeses y rebeldes triplicaba el tamaño de la Nocturnus, incluso añadiendo las naves de Steel.-Y esta vez el adelanto tecnológico no servirá de nada, Lord Nueve -musitó el recluta-. Son demasiados. Es imposible controlar tantos enemigos a la vez. El la Celda era más fácil porque estaban incomunicados, pero aquí se nos acumulan, señor… ¿qué hacemos?Nueve tenía su brillante inteligencia trabajando muy por encima de su capacidad. Por mucho que lo intentaba, no lograba encontrar un vía de escape más que la retirada total. Era irónico, en esa maldita prisión no había tenido esos problemas, porque precisamente el que estuvieran separados y desorganizados era lo que le había dado la ventaja ante los semipelandeses. Pero se habían unido en su contra a pesar de sus esfuerzos. La opresión sobre los Kron, el azuzamiento en la guerra entre N’Argallen y Zeoh a ambos bandos, la esclavitud mental en Voxinia… todo había sido perfectamente orquestado. La guinda había sido la vuelta a Pelandia tras milenios fuera de ella, encerrados.¿Cómo podía haberse torcido todo? Se le acababan las opciones y estaba cada vez más acorralado. Su último as en la manga, el Nona Destructis por una vez no constituía un éxito asegurado. Hace tiempo, su sola mención servía para amedrentar a cualquiera; pero ahora, no era solo que se atreviesen a hacerle frente, es que tenían una posibilidad de ganar. Se arrepentía continuamente de haber intentado deshacerse de Shade meses atrás, en el santuario flotante, cuando, en otro maldito descuido, se le habían visto las malas intenciones. Ahora, la destrucción tenía excusa por el recibimiento que tuvieron, pero antes, cuando no había razón para ello, Shade se había dado cuenta y había empezado a pensar por su cuenta. Maldición.-No les debemos dar tiempo para que se reagrupen. Si se les mete en la cabeza que pueden ganar, será peor. Soltaremos todos nuestros efectivos sobre Koopachópolis, en un ataque combinado junto con Steel y sus droides. No dejaremos ni una nave en el hangar, ni un soldado de vigilancia, ni un solo oficial en su despacho. Si les aniquilamos de un solo golpe, que es posible, tardarán lo suficiente en recuperarse como para que nosotros hayamos vuelto al cien por cien de nuestra capacidad. Entonces seremos imparables. Otra vez.-Bien, señor. Impartiré las órdenes correspondientes.-No he terminado. Quiero que prepares también el destructor insignia para mi estancia en él. Yo también iré y, solo si es preciso, bajaré a brindar apoyo.-Eeeeh… -intentó el confuso soldado-. Pero… eso nunca se ha hecho. El emperador no debe intervenir en la batalla, porque se debe evitar que lo maten. Quizás debería…-No debería nada, soldado. Si las cosas se tuercen más de lo que ya están, no habrá posibilidad de retirada. Puedo ser más valioso que cualquiera de vosotros, pero con el Nona Destructis de cobertura y un abastecimiento infinito de energía, no habrá pelandés, semipelandés o Nocturnus rebelde que se me pueda poner delante sin quedar calcinado al instante. Prepara el destructor. Es una orden.-Sí, Lord Nueve -dijo, saliendo de la sala.Nueve sabía que le esperaban unos día muy duros. Habría que diseñar estrategias calculadas al milímetro, donde nada quedase al azar ni cupiese posible error, aún así respaldadas por planes de emergencia para evitar el fallo

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humano. No se podía confiar en nadie. Y menos aún con Shade al mando de los Aliados. La retirada, y eso lo tenía claro, no podía ser una opción. La derrota no podía ser una opción. Pero había que admitir que las cosas estaban de color hormiga. Solo la mitad de su infantería estaba viva. Muchos altos mandos habían muerto. Su sistema de espionaje en Koopachópolis había sido desbaratado. Su flota había sido reducida a un tercio de lo que fue en sus mejores tiempos, y sus naves ya no perseguían a los pelandeses, sino que huían de ellos en desbandada porque, con Shade de parte de los enemigos, los pilotos habían sido informados de cuando y donde golpear sus cruceros. Y si escapaban, peor: enemigo que huye, puente de plata. Y pensar que, antes, esa misma había sido su estrategia… Por no hablar de las pérdidas de lealtades dentro de sus propias tropas. Antes de salir de la Celda, tres mil Nocturnus se habían unido a los Aliados tras el incidente del cañón Ultraplasma. Y Nueve sabía que había muchos simpatizantes de esa causa dentro de los sus propios Nocturnus. De locos. Por no decir que varias instalaciones suyas capturadas por los pelandeses les habían dado información sobre ellos y armas que antes solo los Nocturnus tenían. El cañón planetario de Torre Nona era el ejemplo más claro, una amenaza hasta para el Nona Destructis. Y la deserción de Denis, la pérdida de Scylla y Charib, y la muerte de Tell habían sido auténticos bofetadas en la cara para él. Y a Nueve no le gustaba que le dieran bofetadas. Solo Frylet se mantenía firme en su puesto, con una convicción impropia de él. Y se preguntaba cuánto aguantaría Steel con su dudosa lealtad. Demasiadas preguntas. Y no le gustaba ninguna de las posibles respuestas. Si solo Shade siguiera leal a él… pero eso era algo que ya era imposible, y había que tratar con ello.

Los consejos de guerra empezaron no del todo bien, siguieron mal, y acabaron aún peor. Y no era que se formasen disputas de las que hacen temblar las paredes, a parte de las inevitables entre N’Argal y Zoah, sino que no se lograban poner de acuerdo.Efectivamente, las dimensiones de ambas flotas sorprendieron a sendas delegaciones: los pelandeses quedaron asombrados ante el gigantesco tamaño de la flota combinada (por no decir lo pintoresca que era); y los semipelandeses comprobaron que las naves pelandesas, aunque de poder menor comparadas con las de los Nocturnus, seguían sobrepasando las suyas y eran muchísimas. Sin embargo, en tropas terrestres, los Aliados llevaban ventaja: eran mucho más resistentes y fuertes que los pelandeses, cuya fuerza se basaba en su número. Y, con tantos frentes abiertos, no convenía dividir el ya diezmado ejército.Y esos eran todos los avances que habían hecho: que la maquinaria pelandesa era superior a la de los Aliados, y que la infantería de estos era mejor que la de los últimos. Pero en cuanto Gary terminó de actualizar los archivos pelandeses y pudo mostrar en un holograma de Pelandia la posición y poder de ambas flotas, más la de los Nocturnus, fue un caos. Nadie fue capaz de determinar una estrategia.Sin embargo, no dejaron participar a Shade. Ni a la mitad de los equipos Alfa o Delta. Las intenciones eran buenas, alegando que ya habían hecho mucho, pero Shade sabía que seguían sin confiar en ella. Hasta ahora había logrado pequeñas victorias, como la ayuda de Denis, la captura de Torre Nona e información variada; pero aquello ya era una operación de máxima importancia, que podía terminar con la guerra de un plumazo.

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Al final, consiguieron que se fuera, tras que Morgan y Denis le prometieran que lograrían poner algo de orden en aquel gallinero. La presencia de Sparks, Taylor, Alfa 73 y Nicole le ayudaron a creer que quizás saliera algo con sentido de todo aquello.Trest también se retiró a descansar. Dijo que necesitaría estar despejado para poder usar el Bastón Celestial de manera adecuada y volver a sellar la Celda. Ella se dijo que quizás le vendría bien descansar un poco.Pero, cuando horas más tarde, durante la cena, Morgan y Denis fueron a informarla de los avances en Mando, ninguno de los dos parecía muy conforme con la estrategia diseñada. Efectivamente, la intervención de ambos había logrado introducir algunas pizcas de lógica en los planes, pero en mitad de la reunión habían recibido un mensaje de Torre Nona informando de un movimiento inusual entre los Nocturnus. Más tarde, los mismos les habían dicho que Nueve estaba desplegando toda su flota, y que su infantería se movilizaba en dirección a Koopachópolis. Estaban a un día y medio de camino. Diezmarían todas las naves posibles cuando pasasen dentro de su alcance, pero el cañón planetario no podría con todas. De todas formas, ellos no eran el objetivo. El objetivo era la capital. Al final habían hecho planes deprisa y corriendo, esperando que funcionase.Bueno, se dijo Shade, parece que otra vez va a ver que salir de noche.

A esto de las dos y cuarto de la mañana, Shade se levantó. Leeg dormía como un tronco y Alfa 73 estaba desconectado y plegado. Cruzó la habitación con el máximo sigilo posible, cogió un macuto con lo necesario, pero no se llevó las armas. Si le pillaban, tenerlas solo empeoraría la situación. Volvió a cruzar la habitación sin hacer ruido y abrió la puerta.No esperaba encontrarse con un soldado de guardia.Pero no es que estuviera patrullando. Es que estaba sentado en una silla, rifle cruzado sobre las rodillas, leyendo un libro a la luz de una lámpara del techo que había encendido, únicamente esa de todas las del pasillo. No estaba ahí de casualidad. Estaba vigilando su puerta. Estaba vigilando que ella no hiciera de las suyas. La última vez, cuando había salido a investigar por su cuenta quién les estaba traicionando, Sleek no le había puesto nadie para vigilarla. Y los guardianes de Carlos solo la seguían por el día. Pero no tenía ninguna duda de que había sido cosa de Sleek, porque aquel no era otro que Laverdule, el soldado de su división que había estado en Torre Nona.-¿A dónde va, comandante? -le preguntó, alzando la vista.-Yo… al baño ¿por? -intentó ella con una excusa ridícula.-No intente engañarme. Sé que va a Mando, a echarle una ojeada a los planes a ver si pueden funcionar ¿me equivoco?-Pues… sí -para que negarlo. Había dado en el clavo.-Adelante, no la detendré -dijo, volviendo a su libro-. Estuve allí, en Mando, durante la reunión estratégica. Un desastre absoluto, incluso para alguien como yo, que no tiene mucha cabeza para estas cosas. Sé que es capaz de enderezarlo y confío en usted. No le diré nada a mis superiores, aunque sé que mis compañeros no me lo perdonarán, y menos aún mi capitán, pero si nos puede salvar, bienvenido sea.Shade se había quedado de piedra. No sabía que tenía admiradores entre los pelandeses de Koopachópolis, más que una media comprensión con Carlos y

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quizás Gary. Pero, aunque ese soldado aseguraba no ser muy listo, la verdad es que había tomado la decisión correcta. Mira que tenía Sleek soldados entre los que escoger e iba y ponía a Laverdule. Se iba a tirar de los pelos para cuando se enterase.-Gracias -acertó a articular, mientras echaba a andar.-Y que no la pillen, ¿eh? -añadió el pelandés-. Si es la mitad de buena de lo que he oído, no habrá problema, pero agradecería que no me metiese en problemas antes de lo necesario.-Descuida -y desapareció entre las sombras.Llegar a mando fue mucho más fácil de lo que había sido entrar en el bloque A hace unas semanas, porque la mayor parte de los soldados de patrulla estaban descansando para poder pelear mejor mañana. Solo estaban de pie los pocos que se quedarían en la ciudad, que no eran muchos ni los más espabilados, precisamente. Ni siquiera la entrada de Mando estaba guardada.Shade encendió el holograma e introdujo el lápiz de memoria con los documentos que habían cometido el terrible error de dejar ahí tras la reunión. Demasiados fallos consecutivos.En las imágenes tridimensionales que proyectaba el holo pudo ver que los pelandeses jugaban a la defensiva. Un anillo de naves situadas alrededor de Koopachópolis garantizaba una retirada y sustitución segura para las naves dañadas. Mientras, habían situado estratégicamente a soldados pelandeses y rebeldes en las calles de la periferia, formando un gigantesco escudo que impedía que cualquier amenaza se acercase siquiera sin ser atacada o siquiera vista. Y todos los planes estaban respaldados por toneladas de planes de emergencia, uno para cada situación. No se podía decir que hubiesen estado haciendo el vago. En los propios planes venía el por qué de una estrategia tan a la defensiva: Nueve se quedaba sin efectivos, y los refuerzos de los semipelandeses garantizaban una fuente de tropas casi ilimitada que cubriría cualquier baja que sufrieran.Sin embargo, era posible ver fallos y lagunas aquí y allá. Shade sabía como jugaba Nueve: de una manera muy diferente a nada que hubiesen visto los pelandeses hasta entonces. La estrategia pelandesa estaba pensada para resistir oleadas y oleadas de enemigos hasta acabar con todos, corriendo el menor riesgo posible. Pero Nueve estaba tan desesperado que no dudaría en lanzar todas sus tropas al instante, como un martillo pilón se tratase. No dejaría nada para un segundo ataque, sino que pondría toda la carne en el asador en la primera ronda. Si bien los pelandeses tenían naves suficientes como para repeler un ataque de tales dimensiones, sus planes ponían a dos tercios de ellas, y tres cuartas partes de la flota de los Aliados, en reserva. Listas para despegar, pero con aviso previo y tiempo para prepararse y cambios de última hora. Si Nueve hacía lo que Shade creía, se abriría paso sin problemas a través de la primera línea defensiva, pillando completamente desprevenidos a los pelandeses. La superioridad numérica les daba la posibilidad de recuperarse y contraatacar, pero las pérdidas serían terribles.Tenía que cambiar los planes antes de que hubiera una masacre. Extendió la mano y tocó un destacamento de cruceros pelandeses en reserva. El holograma detectó la acción, y movió las naves siguiendo las indicaciones de Shade, hasta llevarlas a primera fila. Repitió la operación con varias escuadras más, siempre dejando algo en reserva, y reformó las formaciones de cazas y bombarderos para hacerlas más efectivas.

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En el holograma venía también una imagen aproximada de donde se encontraban las naves enemigas, y una estimación de su número. El Nona Destructis estaba representado con una precisión escalofriante. No había duda de que era la mayor amenaza. Atacarlo de lejos no serviría, intentar un asalto con naves pequeñas sería un suicidio, y los cruceros pelandeses podrían derribarlo, a costa de muchísima maquinaria perdida. Había que deshacerse de él lo antes posible, pero ¿cómo?Una vez, en Nocturnia, Nueve le había dicho, muy orgulloso, que la única manera de eliminar el destructor insignia sería que se destrozase a sí mismo. Era imposible tratar de reproducirlo, y no serviría de nada usar el presupuesto del milenio en rayos tractores para lograr que se estrellase. Si quisieran, podrían lanzarlo de cabeza contra la ciudad y ésta quedaría reducida a cenizas, escudo incluido, sin que el destructor sufriera daños de consideración.La idea más obvia sería entrar dentro del Nona Destructis y lograr que se autodestruyera, pero eso sería una locura. El núcleo estaba en el centro mismo, y las posibilidades de llegar a él, entrando desde cualquier lado, eran ínfimas. La cantidad de Nocturnus en su interior amedrentaba de intentarlo siquiera.Aunque, se dijo Shade, no era necesario hacer que se autodestruyera. El destructor era tan resistente en parte por su escudo, capaz de resistir el embiste de una nave de mitad del tamaño que la suya, sin vacilar, según decía Morgan. Para desactivarlo solo sería necesario ir al puente de mando y dar las órdenes pertinentes. Dicho lugar estaba arriba del todo, y entrar dentro sería significantemente más fácil, comparado con el núcleo. Solo necesitaba que el destructor se expusiera. Rodeado como estaba de otras naves Nocturnus sería imposible cualquier intento de abordaje. Necesitaba sacarlo de la formación con un cebo.A Shade se le iluminó una bombilla en la cabeza. A Nueve le encantaba la guerra psicológica, sacar de quicio a la gente y lograr que cometieran errores estúpidos. Estaría tan desesperado con esta batalla que sería muy sensible a cualquier sugestión que se le hiciera. Creyó ver la manera de colocarle al cerdo una zanahoria delante para que se moviera.Tan pronto como terminó de modificar los planos, agarró un comunicador de encima de la mesa y llamó a Laverdule.

Éste estaba tan tranquilo, fingiendo vigilar una Shade que hacía tiempo que no estaba allí, cuando recibió un leve pitido en su comunicador. Lo cogió, temeroso de que fuera Sleek, que había pillado a la Nocturnus, pero era ella.-¡Me ha dado un susto de muerte! ¿Sabe? -le espetó-. Creí que era el capitán.-Eso no importa. Creo que puedo acelerar la caída de Nueve sin muchas pérdidas en ambos bandos. Solo necesito que el Nona Destructis se adelante y pierda la cobertura del resto de las naves Nocturnus. Si logramos una distracción adecuada, podré colarme dentro con un pequeño equipo y desactiva sus escudos. Ahí será muy vulnerable.-Bien, pues ya me dirá como piensa conseguirlo.-Necesito que me digas cuantos pelandeses hay como tú.-¿Cómo “como yo”? -Laverdule arqueó una ceja- ¿Como yo en qué sentido?-En que me apoyen, que confíen en mí. Necesito tanto ingenieros como soldados.-Puedo conseguir un grupo de cada, pero deben estar muy dispuestos para trabajar a estas horas…

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-Tú consíguemelos y reúnete conmigo en el hangar 2.-Entendido, comandante.Laverdule cortó la comunicación.

Tras media hora, un grupo de veinte pelandeses desfilaban hacia el punto de encuentro. Shade les esperaba frente a unos cazas aterrizados, dispuestos para salir.-Esos son los que le he podido conseguir. La mayoría son ingenieros, mecánicos y demás ralea, porque casi todos los soldados están en su contra. Aún así logré reunir a seis.-Bien. Necesito saber si entre vosotros hay alguien capaz de controlar, sin que se note, un caza no tripulado de distracción como los que usabais al principio de la guerra -dos ingenieros levantaron la mano-. Ahora necesito a un grupo que modifique la apariencia del caza en cuestión, con unos diseños que os voy a dar, para imitar un caza Nocturnus, uno en particular -varios pelandeses asintieron-. El resto, sobretodo soldados, vendrán conmigo en una lanzadera a la que uno de los ingenieros le instalarán un escudo de invisibilidad. La idea es colarse en el destructor insignia de la armada Nocturnus, fingir que somos de los suyos con unos uniformes como los que usamos en el asalto de Torre Nona. Desactivaremos sus escudos y saldremos disparados tras inutilizarlos. Ahí será muy vulnerable al fuego concentrado de los cruceros pelandeses y Aliados, y su flota de apoyo se habrá quedado muy atrás.Tan pronto como terminó, estallaron las quejas, preguntas y sugerencias; inmediatamente silenciadas por Laverdule, para no atraer a los soldados de patrulla.Tardaron más de dos horas y media en acordarlo todo y realizarlo, pero se logró acabar todo a tiempo.

Para cuando, al día siguiente, Carlos recogió los planos con las estrategias, no tenía ni idea de que alguien se había pasado la noche cambiándolos. Ni sabía lo que Shade se traía entre manos.

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CAPÍTULO 6 La última batalla

-¡Todos a sus puestos! -gritaban los altavoces de la réplica y de la superficie- ¡Batallones cinco, seis y siete, listos para embarcar! ¡Destacamentos de cruceros uno y tres, despegue en quince minutos! ¡Destacamentos de cruceros nueve y catorce, despegue en veinte! ¡Flota de apoyo cuatro, despegue en treinta!-¡Que alguien suba a esos soldados a las lanzaderas! -ordenó un capitán pelandés.-¡Entendido, señor! -le respondió un sargento- ¡Primera escuadra, lanzadera A! ¡Segunda escuadra, lanzadera B! ¡Tercera escuadra, conmigo, lanzadera C!Los Nuevos Nocturnus, impartían órdenes a diestro y siniestro igualmente, pero por separado y a sus propias tropas. La única directriz que tenían que seguir era la del despegue de sus naves, en parte para evitar que chocasen con las pelandesas. La salida no era muy grande.Por otro lado, los semipelandeses se repantigaban sobre cajas, contenedores y bidones. Sus naves también debían respetar el orden de salida, pero su infantería saldría en último lugar. Miraban, divertidos, a los pelandeses y Nocturnus que corrían como hormigas, en perfecto orden, siguiendo las indicaciones de sus superiores. Ciertamente, el número de soldados pelandeses que desfilaban ante ellos era abrumador, y los rumores sobre su disciplina y rapidez de formación no eran una patraña, siempre y cuando el plan estuviera preparado con antelación. Todos se preguntaban si serían capaces de mantener esa disciplina cuando los Nocturnus les cayeran encima.

Morgan estaba embarcando en la nave insignia de los Nuevos Nocturnus, pues su turno de despegue se aproximaba. El gigantesco crucero había sido bautizado como La Rebelde, obviamente en honor a todos sabemos quién. Sin embargo, Shade no aparecía, y Denis le confirmó que no la había visto desde que acabaron de cenar. Pero no podían esperar más. Ya les alcanzaría. De todas maneras, Morgan hubiera querido saber dónde narices se había metido su comandante.

Sleek, desde su crucero, Martirio Nocturnus, al que había llamado así para chinchar a Shade, observaba cómo pasaban a su lado el resto de fragatas de su destacamento. Estaban en primera fila, pero no los más avanzados. Por delante estaban otros dos destacamentos, comandados por Carlos, en Pelardagedón, y Nicole, en Luna. Por los altavoces salían las voces de los pelandeses de la torre de control, que aunque ninguna iba para ellos, era reconfortante oírlas.-Despegue de los destacamentos cinco, seis y siete -los suyos-, completado. Despegue de los destacamentos uno y tres en cinco minutos. Despegue de los destacamentos nueve y catorce en diez. Despegue de la flota de apoyo en veinte. Preparando destacamentos dos, tres, ocho y diez para el despegue. Preparando flotas de apoyo tres, cinco y seis para el despegue.Sleek se extrañó. No recordaba que en los planes hubiera tantas naves a la vez en el aire, y menos aún al principio. Al cabo de media hora pudo comprobar que las cosas se habían salido de madre: había más de veinte destacamentos de naves en posición y doce flotas de apoyo. Recordaba perfectamente que habían decidido que habría siete destacamentos y cuatro flotas de apoyo. Ni los cazas ni los bombarderos habían adquirido la formación designada. Se asomó por la ventana.

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En el terreno había muchísimos más soldados de los previstos, y ninguno de los excedentes estaba en un punto adecuado. Y al menos había el doble de las naves aliadas esperadas. Aquí había algo raro. Para cuando vio que dos naves se salían completamente de la formación, supo que habían hecho el panoli. Una era una lanzadera con escudos de invisibilidad, inicialmente indetectable por los enemigos, pero la otra era un caza falso con diseño Nocturnus. Y los tintes violetas en él le dio la certeza de quién estaba detrás de todo aquello.-Laverdule -dijo, sin levantar la voz. Tampoco era necesario, porque estaba a su lado-. Tú eras el encargado de vigilar a la Nocturnus, ¿no?-Sí, capitán.-¿No habrá salido de la habitación sin que te dieras cuenta?-Puede ser, señor.-¿Pero, notaste algo raro?-Puede que sí. Quizás la viera salir. Quizás la dejara marchar.La sonrisa que exhibió el soldado hizo que a Sleek se le helara la sangre. Iba completamente en serio. Agarró el comunicador más próximo.-¡Rápido! ¡Hay que reformarlo todo! ¡La Nocturnus ha metido la pezuña en los planos y los ha cambiado todos!-Ya decía yo que algo no me cuadraba… -le respondió Carlos-. Vamos a ver si podría funcionar. ¿Nicole?-Siempre por delante, comandante. Ha analizado a nuestros adversarios. De los que puedo ver ya, son muchos más de los esperados. Parece que van a lanzar todos los recursos al mismo tiempo. Una táctica estratégicamente inadecuada, pero que podría haber causado muchos daños de haber mantenido la formación planeada. Las variaciones de la comandante Shade nos permitirá aguantar el embiste sin necesidad de pedir refuerzos siquiera.-Pero, ¿y las dos naves suicidas? -intentó Sleek, casi llorando- ¿Nadie va a hacer nada con ellas?-Ya intenté establecer contacto -le interrumpió Nicole-. Están completamente aisladas. No podemos hacer más que mantener nuestra posición y esperar a que hagan lo que han ido a hacer.Mientras tanto, en La Rebelde, Denis sonreía. Creía saber dónde se había metido Shade, y tenía una idea bastante aproximada de lo que pretendía hacer.

Nueve, en la sala de mando del Nona Destrucis, esperaba para dar la orden de ataque. Su destructor estaba en la vanguardia total, y daría el primer golpe, y todos los que vinieran detrás. Su resistencia le permitiría mantenerse en medio de la batalla hasta que llegase la segunda oleada de sus naves, y la tercera, y la cuarta.Entonces lo vio. Un caza Nocturnus. Venía solo y directamente contra ellos. Iba a mandar que lo derribaran cuando, pensándoselo mejor, pidió que establecieran contacto con él y ampliaran su imagen en el monitor que tenía delante. Pretendía saber quién era el valiente, o loco, que se enfrentaba en solitario a toda la flota Nocturnus y al mayor destructor visto nunca. El contacto fue imposible, pero la imagen resultó reveladora. Era el Crepúsculo. La nave de Shade. El modelo original había sido destruido en la farsa orquestada por Tell11, pero parecía que los pelandeses habían logrado reconstruirlo, y se lo habían regalado a la traidora. Se sintió como una olla a presión a punto de explotar. Se dio la vuelta y le ordenó

11 De nuevo, vuelta atrás al volumen II, Nocturnia.

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al artillero que tenía más próximo que hiciera trizas esa nave. El Nocturnus, completamente blanco de miedo, apretó los botones de su panel como loco, y varios cañones de una sección del destructor comenzaron a disparar, a los que luego se les sumaron otros. Pero ninguno dio en el blanco. Esa nave era endiabladamente rápida y muy maniobrable. Tan velozmente como vino, se dio la vuelta y salió pitando. Nueve creía que se le iban a salir los ojos de las órbitas. Esa asquerosa no se le iba a escapar. Otra vez no.-¡Piloto! ¡Siga a esa nave! ¡¡Máxima velocidad!! ¡Y disparad cuando esté dentro de nuestro alcance!-Pasando a velocidad de carga -le respondió el piloto-. Pero, Lord Nueve, el resto de la flota tendrá problemas para seguirnos con este cambio de velocidad tan brusco.-Me da igual. Quiero que esa nave muerda el polvo antes de que se pueda meter otra vez en el escudo.-Sí, señor.No tenían ni idea de que una nave invisible les seguía muy de cerca.

-¡¡Pero que demonios está haciendo esa maldita Nocturnus!! -vociferó Sleek desde el puente de mando de Martirio Nocturnus-. ¡Está trayendo esa bestia metálica de cabeza contra nosotros!-Debo admitir que no me lo esperaba -comentó Carlos.-Sin embargo -intervino Nicole-, el destructor insignia se aleja de su flota de apoyo, que no ha reaccionado todavía. Si viene solo, le podremos contener lo suficiente hasta que el plan de la comandante surta efecto.-¡¿Hasta que surta efecto?! -protestó Sleek-. ¿Hasta que surta efecto el qué? ¿Qué la nave haga ¡puf! como por arte de magia? Esto no puede acabar bien…-Por cierto… la nave falsa va delante del destructor, pero ¿y la invisible? -dijo Carlos- ¿dónde se ha metido?-Va justo detrás -le informó Gary desde la torre de control-. Y acorta distancias. Creo que van a intentar abordarla.-¡¡Se han vuelto locos!! -saltó Sleek-. Lo único que va a lograr es que los maten a todos. Y esa nave no va precisamente vacía… ¿A quién habrá convencido esa Nocturnus?-Creo que no tardaremos en descubrirlo -se oyó decir a Laverdule, detrás de Sleek.

Dentro del Nona Destructis, en un pasillo de babor, dos soldados Nocturnus hacían patrulla. Un pequeño temblor sacudió la nave, pero no le hicieron ni caso. Se sabían casi invulnerables. Pero un segundo temblor, más fuerte y acompañado de un sonido de movimiento de maquinaria les hizo detenerse.-¿Y eso? -preguntó uno- Sonaba como si alguien se hubiera acoplado a la compuerta de babor…-Se te han freído los circuitos -le respondió el otro, señalándose la sien y dando vueltas con el dedo-. No creo que haya nadie tan chiflado como para intentarlo.

-Comandante, con todos los respetos, está usted chiflada -le comentó un soldado pelandés a Shade-. Acoplarse a la compuerta de babor del destructor no ha sido precisamente una buena idea…

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-¿Por qué no? -respondió ella-. Ahora no tenemos más que ir al puente de mando y desactivar los escudos. Con los disfraces de Nocturnus no nos pondrán trabas…-Ya, claro. ¿Y qué les decimos? “Hola, buenas, venimos de otra nave Nocturnus con las órdenes de desactivar los escudos, que hay que ahorrar energía, que está cara.” “¡Ah, por supuesto! Aquí tienen los controles. ¿Les apetece un poco de té? También tenemos pastas, si vienen con hambre…” ¡Vamos, por favor! Y eso, sin contar que Nueve está aquí, y probablemente en el puente de mando. ¿Cómo piensa sacar al conejo de su madriguera?-Tengo soluciones para todo, soldado. Observe.Agarró un comunicador y transmitió por él una orden.-Ya está. Ya podemos entrar sin problemas.-¿Se puede saber lo que ha hecho?-Lo sabrás en cuestión de segundos. Ahora ayúdame a abrir esta compuerta.

-Te digo que he oído una lanzadera acoplándose -continuaban hablando los dos soldados de antes, ahora frente a la compuerta de babor-. Yo creo que deberíamos comprobarlo.-Pues yo creo que es innecesario. Si es una lanzadera, no presenta ninguna amenaza, y en todo caso, habría sido detectada.La compuerta se abrió de golpe, con un chasquido sordo.-¡La madre que le…! -gritó el primer soldado, alzando una pistola. La bajó al ver uniformes negros y azules entre el humo. Se dirigió al oficial del grupo-. ¿Puedo ver su identificación y las órdenes de por qué están aquí?-Comandante Tina, y con órdenes simples y urgentes. Venimos de uno de los cruceros de la flota de apoyo. Tenemos que ir al puente de mando y entrevistarnos con Lord Nueve.-Claro. Os escoltaré hasta allí. Seguidme.

-¡El Crepúsculo está volviendo, señor! -dijo un Nocturnus frente a un radar-. Viene a velocidad de ataque, y se dirige al costado de estribor.-¡Bien! -respondió Nueve-. ¡Artillero, vuelva a intentarlo! ¡Y no falle!Antes de que el Nocturnus pudiera siquiera pulsar un botón, los pilotos del caza falso, desde Koopachópolis, efectuaron la distracción al recibir la orden de Shade. Hicieron virar completamente al caza y lo estrellaron contra el hangar que había en estribor.-¿Será posible? -dijo Nueve, saltando de su asiento-. Parece que no va a dejar en paz en la vida. Retransmite la orden de rodear el caza y asegurarse de que nadie salga de él. Voy a acabar yo mismo este asunto.Y salió por el ascensor, escoltado por dos soldados.

-¡Un momento! -dijo el Nocturnus que estaba dirigiendo a Shade y compañía hasta el puente-. Estoy recibiendo órdenes. El caza de la traidora se ha estrellado contra el hangar de estribor y debemos ir allí para impedir que escape. Me temo que su entrevista deberá esperar, porque Nueve ha ido al hangar para terminar con ella personalmente. De todas formas, el puente está justo ahí delante.Salió corriendo, seguido de su compañero, dejando al patidifuso grupo a sus espaldas. Solo Shade sonreía.-¿Comandante? Si me lo quisiera explicar…

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-No hay nada que explicar. Esto ha funcionado mejor de lo que yo esperaba. Vamos al puente.Subieron por el ascensor, y para cuando entraron en la estancia, comprobaron satisfechos que todos los Nocturnus militares habían abandonado la estancia y solo quedaban pilotos y artilleros, absortos en sus tareas. Y eran muy pocos.Uno de los pilotos se dio la vuelta, viendo a sus visitantes y se bajó de la silla.-¿En qué puedo ayudarle, comandante? -empezó.Shade sacó la espada como un relámpago y se la puso al cuello.-En nada. Solo tienes que estar quieto y dejarme hacer.Era la señal convenida. Sus falsos Nocturnus sacaron las armas e inmovilizaron a todos los pilotos de la sala. La resistencia fue escasa. El único Nocturnus armado no tuvo tiempo ni de llevarse la mano a la pistola antes de que se la quitaran, y ningún piloto logró dar la alarma a tiempo. Para cuando estuvieron todos controlados, un pelandés bloqueó el ascensor para que nadie los interrumpiera, y un ingeniero fue directo al panel de control de los escudos para desactivarlos, pero se encontró con un problema.-Comandante, este trasto solicita un motivo para tal acción.-Sí que son listos estos Nocturnus -comentó un soldado.-Somos Nocturnus, no imbéciles -se atrevió a decir uno de los pilotos.-Déjame hacer -dijo Shade-. Se acercó al panel y probó un par de combinaciones. Al cabo de siete minutos y medio, dio un puñetazo tras varios intentos fallidos-. Sargento, déme su pistola.Éste se la dio y ella vació el cargador sobre los controles. Para cuando acabó, no era más que chatarra chispeante.-Ya está. Tampoco se trata de no dejar huellas. Y mejor así, que no podrán reactivarlos.-¿Y qué hacemos con ellos, comandante? -dijo un soldado, refiriéndose a los pilotos capturados.-Déjalos libres. No pueden reactivar los escudos ni cambiar el rumbo de la nave. Que escapen en cápsulas de salvamento. Los Nocturnus ya han perdido.

Comandante… -dijo un soldado pelandés a Carlos, en Pelardagedón-. Creo que debería ver esto.Le señaló el Nona Destructis, un poco más adelante. Estaba dentro del alcance de la flota pelandesa, pero era demasiado resistente como para hacerle ningún rasguño. Tampoco la nave Nocturnus hacía ningún esfuerzo por atacarles. Solo disparaba contra el caza Nocturnus falso que volaba a su alrededor como si de una mosca se tratase. En un momento dado, la nave giró completamente y se estrelló contra el hangar de estribor. Carlos se preguntó si eso influiría en algo, pero inicialmente no ocurrió nada, aunque el destructor siguió sin atacarles. Entonces llegó el soldado y le pidió que se fijara mejor. No se notaba ninguna diferencia en absoluto. Un piloto sentado más allá le informó que la nave parecía perder potencia.Carlos dudó. Puede que si le atacaran, llamasen su atención y comenzara a disparar contra ellos. Pero había que arriesgarse. Se giró hacia el artillero más cercano.-Dispara contra el cañón ligero enemigo de babor. Un solo proyectil.-Sí, señor.

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El crucero tembló brevemente por el disparo, y Carlos vio el haz de luz alejarse en dirección a la nave enemiga. El instante pareció hacerse eterno. Pero el proyectil acabó llegando y… ¿eso había sido una explosión? El campo de fuerza que protegía al Nona Destructis era tan poderoso que el disparo debía haber rebotado o fundido. Pero no, había impactado. Del cañón que era el objetivo no quedaba nada. Ahora veía claro lo que Shade había hecho. El destructor insignia de Nueve, y él estaba abordo, estaba sin escudos.Agarró un comunicador.-¡A todas las naves! ¡El Nona Destructis no tiene escudos! ¡Es vulnerable! ¡Fuego a discreción!-¡Sus escudos han caído! ¡Sus escudos han caído! -las voces de diferentes pilotos de otras naves se repetían, entusiasmadas-. ¡Fuego! ¡Fuego! ¡¡FUEGOOOO!!Y el cielo se llenó de láseres, misiles y otros proyectiles que salían de todas las naves pelandesas y aliadas contra el mismo objetivo.

A Nueve le llevó casi medio minuto adivinar lo que estaba pasando. La primera sospecha le vino al ver el caza vacío, cuando sus Nocturnus le habían rodeado y no había salido nadie. La segunda llegó acompañada del aviso de intrusos en la nave. La tercera aconteció con el informe por altavoces de la caída de los escudos. La cuarta fue innecesaria: los enemigos habían fijado sobre ellos la mira y estaban recibiendo disparos de todas direcciones. Esa maldita traidora había utilizado la misma treta que él -tenía que ser él- mismo le había enseñado. Y ahora su nave estaba completamente vulnerable y expuesta, mientras que su flota de apoyo se había quedado atrás.-¡Decidles a las naves que se han quedado atrás que avancen a máxima velocidad! ¡Nosotros, retrocedemos! ¡Alzad el maldito escudo!-Imposible, Lord Nueve. La flota de apoyo está llegando y estamos volviendo a una posición segura, pero el generador ha sufrido daños y serán necesarias reparaciones. No podemos volverlo a activar.-Maldita sea… decidles a esos idiotas de detrás que como no se den prisa, nos van a machacar. A ver si eso les hace espabilar.-No se preocupe, señor. Aún sin escudo somos más resistentes que cualquier otra nave construida nunca y no podrán derribarnos fácilmente. Podremos replegarnos con facilidad y efectuar las reparaciones necesarias. En dos horas estaremos otra vez operativos.-Bien. Volveré al puente y esperaré ahí -zanjó Nueve.Y volvió a la parte superior de la nave. Y vio que estaba vacía. Los pilotos habían huido tras la incursión de Shade y se habían registrado varios lanzamientos no autorizados de cápsulas de salvamento. Tanto peor para ellos.Se sentó en su sillón y alargó la mano para coger el Bastón Celestial. Y vio… que no estaba. Lo había dejado allí temiendo que Shade se lo intentase quitar si iba con él al hangar. Pero lo había puesto justo en el camino de Shade. En bandeja de plata y con cinta de regalo, literalmente.El rugido de rabia se oyó en todo el destructor.

-Esto no va a funcionar, Carlos -le informó Trest al interpelado, caminando hasta ponerse a su altura-. Ese mastodonte es demasiado resistente, y aunque le estemos dando de lo lindo, solo lo inutilizaremos temporalmente. Su flota de apoyo casi ha llegado y le cubrirán la retirada. Necesitamos algo más potente.

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-¿Y de dónde lo vamos a sacar? Ya estamos al máximo de nuestra capacidad de fuego y no es suficiente. Tendremos que lidiar con la flota Nocturnus y luego veremos que hacer. Voy a transmitir la orden de alto el fuego, para refrescar los cañones.-¿Alguien ha solicitado una ayuda de emergencia? -se oyó por el comunicador. Era Steel. Sus naves estaban en la formación Nocturnus, pero se adelantaron y le bloquearon el camino. Tampoco dejaban pasar al Nona Destructis-. Los mantendremos durante un tiempo, pero estamos entre dos fuegos y nos van a aplastar si no os dais prisa. ¡Destrozad a Nueve de una vez por todas!-Señor, una lanzadera invisible se aproxima y pide permiso para aterrizar. Dice que trae un paquete de máxima urgencia -informó un soldado a Carlos.-Debe ser Shade. Dales permiso para aterrizar y que vengan directamente al puente.-Negativo. Van a aterrizar, pero dicen que se reúnan con ellos en la sala del cañón principal. Motivo desconocido, pero parece tener que ver con el paquete.-Mmmmm… dales la autorización. Veremos que se traen entre manos…Y lo que se traían entre manos era un cilindro metálico. Carlos no tenía ni idea de qué sería, pero Trest lo cazó al vuelo.-¿No será…? -aventuró.-Un pequeño regalo de cumpleaños -le dijo Shade con una sonrisa-. Ábrelo.Dentro estaba el Bastón Celestial.-Pero… ¿Cómo…?-Digamos que Nueve se lo olvidó en la sala de mando. Mientras está en la oficina de objetos perdidos, y no puede retroceder porque Steel lo bloquea, creí que podríamos hacerle una jugarreta conectando el Bastón con el cañón principal de esta nave…Tardaron casi media hora en arreglarlo todo, porque el sistema rechazó la nueva fuente de energía por miedo a una sobrecarga. Al final lo conectaron y el cañón se puso al rojo vivo aún sin haber disparado. De vuelta al puente, en el que no paraban de pitar alarmas por haber alcanzado los niveles de energía más altos de la historia, se ordenó el disparo del arma principal contra el Nona Destructis, a bocajarro y un solo láser. Habían calculado que sería suficiente.-Pero, comandante -empezó un artillero-. La cantidad de energía es apabullante. Disparar en este estado el arma principal recalentaría de tal manera la nave que podría implotar…-Perder una nave frente a destrozar el destructor de Nueve me parece un precio más que asequible. Pero, por si acaso, desvía toda la energía sobrante al cañón principal para que se utilice en el proceso y activa los refrigeradores justo después. Si es necesario, aterriza. ¡Pero dispara de una vez!-¡A sus órdenes!

La poca gente que estaba en tierra en esos momentos aseguraron que nunca habían visto nada igual. No sabían que una nave pelandesa, o cualquier otro modelo, fuera capaz de pegar semejante protonazo. Al disparar, el rayo láser se expandió en forma de cono hasta casi duplicar en diámetro a la nave que lo había disparado. El resplandor fue tan cegador que casi nadie pudo mirar de frente. Los pocos que pudieron atestiguaron haber visto una lanza de luz surcar el cielo a toda velocidad en medio de un estruendo atronador que lo hizo retumbar todo a kilómetros a la redonda. Y para cuando alcanzó su objetivo, el destructor más

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letal y resistente de la historia fue atravesado de parte a parte a tanta velocidad que las explosiones que se encadenaron después tardaron unos segundos en aparecer una vez que el rayo les hubo dejado atrás, vaporizando algunas naves Nocturnus más en su camino, hasta perderse de vista. Y, por lo que respecta al Nona Destructis, no fue capaz de mantenerse más en el aire, y se derrumbó partiéndose en varios pedazos en el proceso, que acabaron explotando brutalmente al poco de tocar suelo.Nueve logró anticiparse a la maniobra y salió en una cápsula de escape segundos antes del impacto fatal, y fue testigo de cómo su mayor obra era reducida a cenizas. Ya estaba: habían perdido.Pero lo peor estaba por llegar: de pronto, empezó a sentirse mal, como mareado, y fue apenas consciente de cómo su pequeña nave empezaba a girar y avanzar hacia un punto determinado a una velocidad. Tardó varios segundos en darse cuenta de lo que pasaba. La fuente de energía que les mantenía a él y a los suyos fuera de la Celda del Crepúsculo era el infinito generador del Nona Destructis. Una vez destruido, la dimensión volvía a absorberlos. Porque hacia dónde estaban avanzando era hacia el portal dimensional, que se estaba haciendo cada vez más pequeño. Por las ventanas pudo ver como sus cruceros se escoraban también en esa dirección y sus tropas terrestres estaban empezando a volar, sin alas ni motor.Sin embargo, justo antes de llegar a la brecha, las naves Nocturnus dejaron de sufrir los tirones de la Celda, y la infantería de los mismos dejó de volar para caer, afortunadamente, en el mar de Station Square, justo bajo el portal. Pero Nueve seguía avanzando, inexorablemente, de vuelta a la prisión maldita. Antes de que se pudiese preguntar por qué, se estableció una comunicación con su cápsula de salvamento, en la que apareció Shade, secundada por Denis y Morgan, a bordo de La Rebelde, todos sonriendo. Justo a quienes NO quería ver.-¡Eh, Nueve, hay novedades! -le informó Shade-. Hemos extendido la protección de las Joyas Sagradas, que nos mantenía fuera a los Aliados, hacia tus Nocturnus. Podrás dejar de preocuparte por ellos, ahora están a salvo. Peeeeeero… no nos ha llegado para ti. Qué lastima, ¿eh? ¡Por un ápice más de energía podríamos haberte dejado aquí! Pero es lo que hay. Pero piensa que tu altruista y desinteresado sacrificio permitirá la perduración de la raza Nocturnus fuera de la Celda del Crepúsculo por toda la eternidad. ¡Gracias!Y cortaron la comunicación, riendo a carcajadas, antes de que Nueve pudiera responder. Tampoco hubiera podido, porque el agujero negro le engulló.Hacia una eternidad en la Celda del Crepúsculo, la dimensión maldita, de la que habían logrado salir todos menos por él. A una tierra sin recursos y vacía en la que no podías morir por el tiempo.Lo último que hizo Nueve en Pelandia fue maldecir, gritando, a Shade, a todos los Nocturnus traidores, a todos los Nocturnus leales pero que se habían librado, a todos los semipelandeses y pelandeses, a los Maurders; pero sobre y por encima de todo, a Shade.

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EPÍLOGO Reconstrucción

-A todos vosotros, pelandeses, semipelandeses y Nocturnus; la República Pelandesa agradece vuestros servicios y dedicación a nuestra causa, y vuestra ayuda para ganar esta guerra contra Nueve -decía Cinta Mellow-. A todos vosotros, gracias.Estaban en una tarima oficial en el centro de Koopachópolis. Frente a ellos se alineaban soldados pelandeses, Nocturnus y semipelandeses. Y tras esos estaba la población de la capital, pelandeses que no paraban de aplaudir y lanzar vítores.Se había acabado por fin. Nueve había vuelto a la Celda del Crepúsculo y no se había vuelto a saber nada de él. Los Nocturnus que se habían logrado salvar del encarcelamiento dimensional se habían rendido al ser rescatados. Hasta Frylet, que inicialmente opuso resistencia, acabó rindiéndose a la evidencia. No le había hecho ninguna gracia que le recibiera Denis, ahora de negro y violeta, mientras que él mantenía el negro y azul imperial. De hecho, ningún Nocturnus fiel a Nueve había cambiado aún sus colores de sus uniformes. Tanto daba. Detalles.-Por vuestra bravura, yo condecoro a Tailor, Sparks, Larry, Trest, Riu, Leeg y Alfa 73, integrantes de los equipos de élite Delta y Alfa respectivamente. Manejasteis la situación desde el principio y seguisteis a los Nocturnus hasta su propia dimensión para detenerles y ganar aliados. Gracias.Cinta seguía hablando, pero Shade no le escuchaba casi. Ya lo haría en cuanto estuviese a su altura. Lo que le preocupaba era Nueve. Le habían encerrado, sí, pero en la Celda habían quedado muchas cosas que él podía usar para su venganza. Y tenía infinito tiempo para ello. Mientras su llama de venganza no se apagase, podría seguir maquinando su revancha. Podría volver a construir a los Gizoid. Podría volver a levantar una flota. No quedaba nadie allí, pero había suficiente como para reestablecer un imperio robotizado. Y la maldita distorsión temporal hacía que en esos momentos ya hubiese terminado…-… a Steel, Magín Mago y Helbert -continuaba Cinta-. Seréis recompensados por vuestra ayuda inestimable contra Nueve. Elegisteis el bando correcto desde el principio. Gracias.Shade pudo ver cómo a Carlos se le torcía el gesto al darle una medalla a su más odiado enemigo: Helbert12. A Taylor, un par de posiciones más atrás, tampoco le hacía gracia que condecorasen a Steel. Pero que le iban a hacer. Sin ellos, el Nona Destructis hubiera escapado. De alguna manera habría que agradecerlo.-… a los semipelandeses, cuatro razas parecidas a la nuestra que fueron encerrados en la Celda del Crepúsculo hace eones -no estaba mal recordarlo, por si alguien se había olvidado-, vuestro apoyo fue necesitado y muy oportuno. Os habéis ganado un sitio entre nosotros. Gracias.Esto ya lo habían hablado un par de días antes. Los semipelandeses nunca vivieron en Pelandia. Pero algunos antepasados suyos sí. Por ello, y en agradecimiento, podrían vivir en la nación de sus predecesores. Había muchas ciudades abandonadas que ocuparían, levantarían algunas colonias nuevas y les habían cedido varias estaciones espaciales que orbitaban alrededor del planeta.

12 Ver “Misterios en Pelandia”, del mismo autor.

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Por si acaso, los N’Argal se habían instalado en el este, y los Zoah en el oeste. Y aquí, cada cual respondió a la medalla a su manera.-Buen metal -comentó Krocktenn-. Nunca lo habíamos visto en Króndica. Agradecemos el regalo.-Para un N’Argal, las posesiones materiales no significan nada. Solo vivimos y morimos. Pero lo guardaremos como un tesoro nacional -dijo la reina de N’Argallen.-Un general Zoah nunca tiene suficientes medallas -declaró Raxoss-. Pero esta quedará muy bien en mi vitrina. Gracias.-Eeeem… gracias -acertó a decir Rylel-. Pero no sé si me la merezco…Era gracioso ver las reacciones de los Aliados ante algo tan… pelandés. En sus colonias, no había sitio para la ornamentación y la riqueza. Aquí había de sobra. Solo que no estaban acostumbrados.-… a Morgan y Denis, Nuevos Nocturnus, os entrego estas medallas por vuestra colaboración. Y de paso, agradecemos a los Nuevos Nocturnus su elección en contra del tirano Nueve. También podréis quedaros a vivir en Pelandia.Les habían entregado Nueva Nocturnia y Torre Nona. Los gustos de los Nuevos Nocturnus no diferían mucho de los de los Nocturnus imperiales, así que se sentirían como en casa. Y fuera de la Celda. Por fin.-… y por último, pero no por ello menos importante, la comandante Shade. ¿Qué decir de ella que no sepamos ya? Fue la primera en plantarle cara a Nueve a pesar de sus privilegios entre los Nocturnus, guió a nuestros pelandeses hacia y en la Celda del Crepúsculo, y fue modelo a seguir por los Nuevos Nocturnus. Descontando toda la ayuda desinteresada durante la guerra que nos brindó. Por eso y por todo lo demás, te damos las gracias.Le iba a entregar la gran circunferencia de oro, pero se dio cuenta en el último momento que le habían dado en cambiazo y que lo que le iba a dar a Shade de premio era una moneda de chocolate.-¡Sleek! -gritó Cinta, dándose la vuelta hacia el interpelado, que era quién le iba dando las medallas-. ¿Otra vez? ¡Dame la de verdad, la de oro!Ello provocó las carcajadas de todo el público. Ni siquiera los soldados aguantaron firmes. Hasta Nicole, suspendida en el aire, no pudo evitar reírse.-Aquí está, señora -dijo el capitán, sacándola del bolsillo-. Pero permítame.Se adelantó hacia Shade, cogió la moneda de chocolate con una mano y la medalla con la otra.-Bueno -empezó Sleek-. Parece mentira que te esté dándote una condecoración, y todavía no me lo creo. Pero debo reconocer que estaba equivocado y que realmente odiabas a Nueve. Seguiré sin tragar a los Nocturnus por lo mucho que nos hicieron antes de escindirse, por lo que no imaginas lo que agradezco lo lejos que está Nueva Nocturnia de aquí. Pero no soy un desagradecido. Tengo que decir que…-Abrevie, capitán -le dijo Cinta.-Vale. Que maldita seas Shade. Algún día lograrás que me explote la cabeza. Pero aquí tienes tu medalla, y la moneda de chocolate que te pido que te comas a mi salud. Y tengo otra para Laverdule. Y de nuevo no me creo que esté diciendo esto, pero… gracias.Probablemente Shade se lo creía aún menos. No sabía si le había envenenado la chocolatina, pero no, estaba riquísima. Tampoco lograría ella comprender nunca a Sleek.

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-De nuevo -terminó Cinta, dirigiéndose a todos-. Os damos las gracias por salvar Pelandia de la destrucción y el olvido. Todavía seguiremos plantando cara varios milenios más. Y ahora que todo ha acabado, por fin podremos descansar. Por fin podremos reconstruir. Por fin podremos volver a ser lo que fuimos antes. Y, por fin, tendremos paz.

Fin

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